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Vayamos a Efesios 2. Y esto va a ser una introducción, obviamente, a una porción muy importante de las Escrituras. Efesios capítulo 2. Y necesito leérselo, comenzando en el versículo 11: “Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne.

En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.”

“Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades—o el odio— la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades. Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca; porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.”

“Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu”.

Este es un texto de las Escrituras poderoso y de una importancia crítica. Pablo enfrenta un problema muy, muy grande aquí en la iglesia, la iglesia del Nuevo Testamento, y ese es el problema de la división entre judíos y gentiles. Ahora a nadie le sorprende encontrar división en la iglesia. Eso es bastante común, siempre ha sido común, y está en plena exhibición hoy, conforme todo tipo de ataques a la unidad de la iglesia se están llevando a cabo, algunos de ellos bajo algún invento de rectitud, pero todos ellos esencialmente son realmente pecaminosos. Todo lo que fractura, fragmenta y destroza a la iglesia es una deshonra para el Señor mismo, quien es la cabeza de la iglesia.

Pero Pablo enfrentó eso, y todavía lo enfrentamos hoy. No es solo porque los seres humanos tienen dificultades para llevarse bien, incluso aquellos que son salvos y santificados. Es porque en el caso de Pablo, había un odio profundamente arraigado. Y los dos componentes de ese odio eran los judíos y los gentiles, ellos se odiaban unos a otros. Y esto se metió en la iglesia y tuvo que ser abordado. Pero para entenderlo, quiero que regrese a —quizá le parezca un lugar poco raro—, pero quiero que regrese a Jonás, el libro de Jonás. Podremos entender mejor a lo que se enfrenta Pablo si entendemos la historia de Jonás.

Ahora todo el mundo conoce la historia de Jonás, pero ¿realmente comprenden el punto de la historia? El libro de Jonás es la historia de un profeta desobediente que, al igual que su nación, Israel, odiaba a los gentiles paganos. Ahora veamos eso desde el principio: Israel odiaba a los gentiles. Los odiaban profundamente. Habían cultivado el odio generacionalmente, y entonces estaba en la estructura, en la esencia de su ser.

Aquí hay un profeta que, junto con su nación, también odia a los gentiles. Y es llamado por Dios para ir a una ciudad gentil, una de las grandes ciudades gentiles del mundo antiguo, una de las grandes ciudades paganas, la ciudad de Nínive en Asiria. Este es el llamado que Jonás recibe de Dios. Él rechaza el llamado y corre en la dirección opuesta. Todos conocemos la historia; y el resto de la historia es una ballena de cuento.

Y después de un milagro monumental de supervivencia dentro del gran pez y ser vomitado nuevamente en la tierra, Jonás finalmente va a Nínive; y él predica, llama a la ciudad al arrepentimiento, y toda la ciudad de Nínive se arrepiente. Cuando toda la ciudad se arrepiente, Jonás está enfurecido, está enojado, está asqueado, está decepcionado, está deprimido. ¿Por qué? Porque Jonás no quería que los gentiles fueran liberados del juicio, él quería que ellos sintieran toda la furia de la ira de Dios.

Así que, en caso de que usted se lo preguntaba, Jonás no es el héroe de la historia de ninguna manera; él es el antihéroe. Jonás es el villano, Jonás es el villano. Él es el peor ejemplo de un misionero en toda la Escritura. Entonces hay un punto, no sea un misionero como Jonás. Pero ese realmente no es el punto principal. Jonás es un misionero de mal corazón, que incluso después de una liberación increíblemente milagrosa está enojado con Dios. Está enojado con Dios porque Dios fue misericordioso; porque, al igual que su nación, él odia a los gentiles.

Ahora si usted está diciendo: "Bueno, ¿quiénes son los gentiles?", Todos los no judíos. Todos los no judíos entran en esa categoría. Entonces, si Jonás no es el héroe de esta historia, ¿quién es el héroe? Hay un héroe en esta historia, pero el héroe de la historia es Dios.

Dios es el héroe de la historia y Dios es muy diferente a Jonás. Dios ama y Dios envía un predicador. Dios llama a los impíos a que se arrepientan, y luego Dios les muestra misericordia y gracia, compasión y salvación, a pesar de que eran extremadamente impíos.

Ahora está claro que Dios había elegido a Israel como Su pueblo. Sí, fueron escogidos como Su pueblo para recibir la revelación divina: la ley y el resto del Antiguo Testamento. También fueron una nación que recibió el sacerdocio, quienes entonces podrían ser intermediarios con Dios del pueblo. Eran la nación que recibió a los profetas, quienes hablarían al pueblo en nombre de Dios. Israel fue elegido como el escenario para el gran drama de la redención. Ellos eran las personas con las que Dios vivía; vivió con ellos. Pero todo eso no era un fin en sí mismo, sino solo un medio para alcanzar un fin. Todo eso fue para que ellos pudieran ser una nación testigo para el resto del mundo: todos los gentiles. Ellos fueron diseñados para ser una nación misionera.

Desde ahí atrás en el libro de Éxodo y en el capítulo 19, esto se presenta en términos inconfundibles. Dios habla y le dice a Moisés: “Así dirás a la casa de Jacob y anunciarás a los hijos de Israel” —esto está en el capítulo 19, versículo 3 de Éxodo— “Vosotros visteis lo que hice a los egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí.’” En otras palabras, Dios, a través de milagros, los sacó de Egipto a la Tierra Prometida. Ahora, el versículo 5, “Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra”, estoy reclamando toda la tierra, todas las naciones; “y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa”.

En otras palabras, ustedes son una nación sacerdotal. ¿Y qué hace un sacerdote? Lleva a la gente ante Dios; es un intermediario. Israel tenía la responsabilidad de ser un testigo de la verdad, del único Dios vivo y verdadero. Debían decirles a las naciones que había un solo Dios, como el Shemá en Deuteronomio 6, y que todos debían amar al Señor su Dios con todo su corazón, alma, mente y fuerzas. Esa fue su razón para ser escogidos, para ser el dominio de Dios, para recibir la ley de Dios, el sacerdocio y los profetas.

Pero Jonás refleja el hecho de que la nación de Israel no había aceptado totalmente la responsabilidad de esa misión. Vea cómo comienza Jonás: “Vino palabra de Jehová a Jonás", capítulo 1, versículo 1, "hijo de Amitai, diciendo: Levántate, y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y pregona contra ella, porque ha subido su maldad delante de mí.” “La palabra de Yahvé” —literalmente— “vino la palabra de Yahvé a Jonás”. Revelación de Dios. Pero más que eso, esta es la Palabra de Yahweh. ¿Y quién es la Palabra de Yahvé? El mismo en Juan 1 que creó todo, el Verbo que estaba con Dios, que era Dios, y por Él todo fue hecho.

Entonces, Aquel que es el Creador es también Aquel que trae el llamado a Jonás. El que por la palabra de su boca hizo los cielos es el que habla a Jonás. Este es un llamado divino: "Jonás, ve y pregona contra esa ciudad". Esto se debe a que Dios va a salvar a gentiles.

Si usted va hasta el final de la Biblia, en el séptimo capítulo de Apocalipsis verá una lista de todas las naciones, al menos algunas naciones representativas, de las que Dios está salvando a las personas a lo largo de la historia de la redención; y ve esa lista al final de la Escritura. Dios está usando a su pueblo para alcanzar al mundo. Israel debía ser ese instrumento nacional para traer la salvación a la nación. Así que aquí está Jonás, y se le dice que vaya, y se le dice que pregone contra ellos por su maldad y los llame al arrepentimiento.

Ahora Dios había llamado a muchos otros profetas para hablar un mensaje a otras naciones. Abraham hizo eso, Moisés hizo eso; Elías lo hizo y Eliseo lo hizo; Jeremías lo hizo, Ezequiel lo hizo, Daniel lo hizo y otros. Pero Jonás es el primero en ir. Todos los demás profetas hablaron de otras naciones y a otras naciones de dondequiera que estuvieran ubicados. No fueron a ninguna parte. Pero en el caso de Jonás, él tiene que ir al reino despreciado de los gentiles; está llamado a ir.

Todo el drama se basa en el odio de Jonás hacia dicha misión. Él odia que Dios le esté pidiendo que haga esto. ¿Por qué, porque es difícil? ¿Por qué, porque cree que podría ser perseguido? No, vaya al capítulo 3, versículo 10: “Y vio Dios lo que hicieron, que se convirtieron de su mal camino; y se arrepintió del mal que había dicho que les haría, y no lo hizo”. Ellos se arrepintieron.

De hecho, se arrepintieron; lo vemos ahí atrás en el versículo 3, capítulo 3: “Y se levantó Jonás, y fue a Nínive, ciudad grande en extremo, de tres días de camino…y predicaba,” en el versículo 4, “‘De aquí a cuarenta días, Nínive será destruida'”. Versículo 5, “Y los hombres de Nínive creyeron a Dios, y proclamaron ayuno, y se vistieron de cilicio desde el mayor hasta el menor de ellos” hasta el rey. La ciudad entera esencialmente se arrepintió y creyó en Dios.

¿Y cómo respondió Jonás? Vea el capítulo 4, versículo 1: “Pero Jonás se apesadumbró en extremo, y se enojó". Eso es tan extraño, ¿no es cierto? "Se enojó." Y oró a Jehová y dijo: Ahora, oh Jehová, ¿no es esto lo que yo decía estando aún en mi tierra?’ “Sabía qué harías esto; por eso no quise ir, porque no quiero que ningún gentil reciba Tu misericordia; no se lo merecen". “Porque sabía yo que tú eres Dios clemente y piadoso, tardo en enojarte, y de grande misericordia, y que te arrepientes del mal”. “Sabía que eras así. Sabía que Tú salvarías a esa gente".

Jonás está reflejando la actitud de la nación de Israel. Ellos no tenían ningún deseo de que los gentiles se convirtieran. Los gentiles habían sido sus enemigos. Los gentiles habían blasfemado a los enemigos de Dios. Y ellos habían sido fieles, los judíos, y ellos pensaban que estaban protegiendo la persona de Dios y el honor de Dios al odiar a los blasfemos. Ellos ciertamente no tenían deseo en absoluto de que Dios les mostrara la salvación.

Ahora escuche, esto no se trata de identidad étnica; algunas personas quieren traer eso a la discusión. No se trata de identidad étnica. Ellos odiaban a todos los no judíos. No era el origen étnico el problema, era religión, porque sólo había una religión verdadera, y todas las demás religiones eran una religión falsa. Y pensaron que era noble de su parte odiar la religión falsa, odiar a los blasfemos y ser celosos por la protección de Yahweh. Los judíos pensaron: “Nos merecemos, merecemos la salvación. Nos la hemos ganado, nos la hemos ganado; somos los hijos de Abraham". Le dijeron eso a Jesús.

Y los gentiles no se lo ganaron, y especialmente los asirios, paganos miserables, impíos. Jonás va a ellos tal vez alrededor del año 750 a. C. Treinta años después, más o menos, los asirios, la siguiente generación después de la generación que creyó, Dios los usó como instrumento de juicio y llevó a toda la nación de Israel, al Reino del Norte, a la cautividad, de la cual nunca regresaron. Una generación después de este avivamiento, los asirios volvió al paganismo, y Dios los usó como un instrumento de juicio contra los judíos en la cautividad del 722 a. C. Y nunca más Israel regresó [como] el Reino del Norte.

Así que esta hostilidad que tenían hacia las naciones, las habían combatido. Las naciones no solo habían blasfemado contra Dios, sino que también habían sido enemigas de Israel y la sangre se había derramado casi continuamente. Su odio era muy profundo. Jonás los odiaba, y él es simplemente un profeta tan malo, un profeta tan malo, que, a pesar de su historia increíble, los judíos lo cancelaron, simplemente lo cancelaron de su historia.

¿Cómo sé eso? Porque en Juan 7, versículo 52, los judíos le dijeron a Jesús, que era de Galilea: “Escudriña y ve que de Galilea nunca se ha levantado profeta". Le dijeron a Jesús: “Dices que eres un profeta y eres de Galilea. Busca y ve que ningún profeta se levanta de Galilea”. Espera un momento, Jonás era de Galilea. Pero él había sido eliminado de su historia. Fue un profeta tan desastroso.

Esta animosidad entre judío y gentil fue de generación en generación en generación en generación, y se manifestó en el Nuevo Testamento, se manifestó en el Nuevo Testamento todavía con mucha fuerza. Apareció en la primera iglesia, al grado que, en el Día de Pentecostés, cuando vino el Espíritu Santo y la iglesia fue comenzada por el poder del Espíritu Santo, tres mil personas se convirtieron y hablaron en esos idiomas extranjeros, y estaba la evidencia de la presencia del Espíritu en fuego, eso fue para los judíos. Y los judíos, el Señor sabía, no serían capaces de aceptar el hecho de que eso se haría alguna vez por los gentiles, incluso los judíos de la primera iglesia.

Entonces cuando los samaritanos llegaron a la fe en el capítulo 8, el Señor tuvo que repetir lo que sucedió en Pentecostés, tener algunos apóstoles allí para ver que recibieron el mismo Espíritu con las mismas señales y maravillas que lo acompañaron, porque nadie creería, ninguno de los judíos. creería que los samaritanos serían aceptados en la iglesia. Y en el capítulo 10 del libro de los Hechos, los gentiles se convierten, Cornelio, y el Espíritu Santo no viene hasta que los apóstoles aparecen allí y ven exactamente el mismo fenómeno, la venida del Espíritu Santo que vieron en Hechos 2 , porque Dios estaba diciendo: “Ustedes tienen que aceptar a los mestizos samaritanos, tienen que aceptar a los gentiles; es una iglesia”.

Y de nuevo, esto no tiene que ver con reconciliación étnica, se trata de hostilidad religiosa. La gente de la primera iglesia estaba luchando con esto; por eso Pablo escribió el texto que le acabo de leer. "Ustedes tienen que entender, judíos y gentiles deben reunirse, deben unirse". En Gálatas, "No hay judío ni griego". En Romanos capítulo 10, “No hay judío ni griego. Tienen que unirse como uno”.

De hecho, la iglesia ha asumido la responsabilidad que Israel no cumplió. Escuche la Gran Comisión en Mateo 28: "Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones". "Id." Este es el Señor hablando a los discípulos y lanzándolos. Después de eso en Hechos 1: 8, “cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra”.

Entonces hay una nueva comisión de la iglesia. Pero incluso la iglesia, la primera iglesia, luchó con eso. Luchó con dejar entrar a los gentiles. Lucharon tanto que hubo un concilio grande en la ciudad de Jerusalén para averiguar qué iban a hacer con los gentiles, porque los gentiles se estaban convirtiendo bajo el ministerio de Pablo. Pablo en sus epístolas aborda el hecho de que la iglesia es una, "Tienen que superar siglos y milenios de odio”.

En 1 Corintios 12:12 Pablo dijo esto: “Porque, así como el cuerpo es uno y tiene muchos miembros”, el cuerpo físico, un cuerpo, muchas partes, todavía son “un cuerpo; así es Cristo”. La iglesia es como el cuerpo que usted tiene: un cuerpo, muchas partes. En el siguiente versículo, 1 Corintios 12:13, leemos: “Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu". Cuatro veces en esos versículos, 1 Corintios 12:12 y 13, aparece la palabra "cuerpo". "Ustedes son todos uno. Todos somos traídos al cuerpo por un solo Espíritu”.

Toda metáfora bíblica de la iglesia se enfoca básicamente en su unidad, enfatiza su unidad. La iglesia, por ejemplo, es una novia con un marido. La iglesia es un rebaño con un pastor. La iglesia es un conjunto de ramas con una sola vid. Es un reino con un Rey, una familia con un Padre, un edificio con un fundamento, un cuerpo con una cabeza. No hay clases, no hay distinciones étnicas, no hay jerarquía, no hay ovejas de listón azul; todos somos uno.

Es por eso que Pablo estaba tan molesto con los Corintios en 1 Corintios 3. Él dice: "Ni siquiera puedo escribirles, ya que ustedes están en la carne. No puedo escribirles como a creyentes maduros, sino como a carnales, porque están tan fracturados: "Soy de Pablo. Soy de Apolos. Soy de Cefas. Soy de Cristo'. Esto no es más que carnalidad". Y solo digo en el sentido más amplio posible, cualquier cosa que ataca la unidad de la iglesia, es la carne. No me importa la justificación que la gente crea que pueda tener.

Dios escogió al pueblo judío no para ser un fin, sino para ser el medio para el fin del evangelismo mundial. Desde el día en que Dios llamó a Abraham, hizo una distinción entre judíos y gentiles. Pero esa no es una distinción racial, esa es una distinción religiosa. Aquellos que eran el pueblo de Dios y tenían la revelación de Dios necesitaban llegar al resto del mundo.

Pero siempre iba a haber un problema potencial, porque Dios incorporó a la vida de Israel ciertas restricciones que les impedían interactuar fácilmente con los gentiles. Tenían su propia tierra y el Señor limpió gran parte de la idolatría. Tenían sus propias costumbres, tenían sus propias fiestas, tenían sus propios festivales, tenían su propia adoración, tenían su propia ropa, tenían sus propias leyes dietéticas. Y Dios hizo esto para protegerlos, para aislarlos por el bien de su propia pureza, para separarlos.

Pero en lugar de que eso los mantuviera puros y luego estuvieran motivados a predicar la verdad del Dios verdadero a las naciones que los rodeaban, cayeron en la soberbia carnal y guardaron las leyes de Dios ceremonial y ritualmente, pero no moral y espiritualmente. Y Jonás es una ilustración de cómo ellos veían a los gentiles. La soberbia carnal les había permitido pensar en sí mismos como la nación favorecida por Dios y pensar que era correcto, que era recto oralmente, odiar a los demás.

Tenían desprecio. El desprecio es asombroso; aquí hay algunas declaraciones que encuentra en los escritos judíos: "Los gentiles son creados por Dios para ser combustible para el fuego del infierno". Aquí hay otra: "Dios amó solo a Israel de todas las naciones que hizo". Aquí hay otra: "No es lícito ayudar a una madre gentil en la hora del parto, porque eso sería traer a otro gentil al mundo". Entonces, incluso cuando el Señor Jesús viene, ese tipo de hostilidad despectiva es muy fuerte.

E incluso en Juan 4, usted recuerda la declaración: "Los judíos no tienen tratos con los samaritanos", y ni siquiera eran completamente gentiles, eran mestizos. Pero la barrera estaba establecida y era firme. Si una niña judía quería casarse con un niño gentil, o viceversa, la familia tenía un funeral, no una boda, porque casarse con un gentil era el equivalente a la muerte. Entonces los judíos tenían esa animosidad hacia los gentiles. Y, por cierto, los gentiles la devolvieron. Los gentiles veían a los judíos como material de esclavos: los perseguían, los oprimían, los mataban, como ustedes saben. Llamaron a los judíos enemigos de la raza humana; y ese epíteto duró hasta la era de Adolfo Hitler.

Pero regrese al Nuevo Testamento. Usted puede escuchar el desprecio en la voz de Pilato. Pilato es un gobernador romano. Escuche el desprecio en su voz cuando dice: "Seguramente no soy judío, ¿verdad?" Despectivo. Incluso a lo largo de los siglos, podemos escuchar el eco de los dueños de la esclava de Filipos anunciando alborotadores con estas palabras, hablando de Pablo y Silas: "Estos hombres, siendo judíos, perturban en gran manera nuestra ciudad". Odio muy arraigado. Y rastros de esa amargura y rastros de esa división todavía están con nosotros hoy en día en lo que se conoce como antisemitismo, ¿verdad? Ha existido por mucho tiempo. Entonces, si desea abordar un gran problema en la iglesia de Jesucristo a medida de que comienza, debe usted deshacer siglos de animosidad entre judíos y gentiles, porque Dios va a salvar a ambos, y juntos constituirán Su iglesia.

En Hechos capítulo 15, cuando se reunió el Concilio de Jerusalén, Pablo y Silas habían regresado de un viaje misionero, y los gentiles se habían convertido, y los líderes judíos en Jerusalén dijeron: “¿Qué vamos a hacer con ellos? ¿Qué vamos a hacer con los gentiles convertidos? "Y tuvieron una gran discusión: “Bueno, ¿los convertimos primero en judíos? ¿Tienes que ser judío, necesitamos judaizarlos? ¿Tienes que convertirte en un prosélito del judaísmo antes de poder recibir la salvación? " Y el Concilio de Jerusalén y Santiago, quien habla de ese tema, dice: “Absolutamente no. Tienen que aceptarlos”.

Pablo escribe a los Romanos en el capítulo 15 y dice: “Miren, ustedes los cristianos van a tener que entender esto. Algunas personas consideran el día de reposo y otras no. Algunas personas respetan las leyes dietéticas y otras no. Este es un problema de conciencia basado en su pasado, pero no puede usarse para dividir a la iglesia ". Este fue un problema enorme. Incluso Pedro fue víctima de ello, ¿se acuerda de eso, Gálatas capítulo 2? Pedro se enredó en la hipocresía, sintiéndose muy cómodo por estar con los gentiles, hasta que se aparecieron algunos creyentes judíos, y luego se apresuró a actuar como si fuera anti-gentil; y Pedro tuvo que ser reprendido por Pablo. Así que al final mismo del ministerio de Pablo, le estaba predicando la unidad, la unidad, la unidad en Cristo. Y ese es su mensaje.

Mire, no llegué al texto, pero sí quiero hacer un comentario o dos, así que vaya ahí, solo para preparar el escenario para la próxima vez. Permítanme recordarle, en el versículo 11, donde Pablo dice: “en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, que son llamados 'incircuncisión'". ¿Quién llamó a los gentiles "incircuncisión"? Los judíos: "Incircuncisión, incircuncisión". Eso fue algo peyorativo. ¿Y qué devolvieron los judíos? De los gentiles decían: "Incircuncisión, incircuncisión", y los gentiles decían: "Circuncisión, circuncisión". ¿Qué están haciendo?

Versículo 13, “En Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos”, es decir, los gentiles, “han sido acercados por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades." Hermosas palabras, ¿no es cierto? Hermoso lenguaje. Así que todos somos uno, todos somos uno. Y tenemos esta responsabilidad increíblemente importante de proteger eso.

Allá en el capítulo 4, versículo 13; 4, versículo 13. El objetivo que Pablo identifica aquí es que “todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo." O el versículo 15: “Debemos crecer en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose—aquí está la clave—en amor”. La unidad es el resultado ¿de qué? Amor. Amor.

Entonces, en este texto que veremos la próxima semana, Pablo dice: "Estoy de acuerdo. Los gentiles estaban alejados, separados de Cristo”, versículo 12, “alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo”. Pero eso ya no es cierto porque se han acercado en Cristo. Todos somos uno. Pablo estaba tratando de resolver la animosidad más duradera y arraigada profundamente en la historia bíblica, pero él nunca se rindió porque él sabía que era lo correcto.

Cualquier otra causa menor de división debe ser confrontada de la misma manera con el mismo llamado implacable a la unidad. Esa unidad obviamente gira en torno a la verdad doctrinal, pero sigue siendo una lucha, sigue siendo una lucha, porque la gente puede llegar a ser divisiva. El Señor ora por la unidad de su iglesia; y ese era un objetivo apostólico principal, y lo es también para nosotros hoy.

Padre, estamos agradecidos de que nos has reunido en un solo cuerpo. Te agradecemos porque no hay judío ni griego, no hay varón ni mujer, no hay esclavo ni libre; todos somos uno en Ti. Esa unidad se celebra en el vínculo perfecto de unidad, que es la paz que proviene de amarse unos a otros. Oramos, Señor, para que podamos tener ese tipo de amor extenso del que habló Pedro, donde lleguemos tan lejos como podamos para abrazar a aquellos que están en Cristo, donde no permitamos que nada nos divida. Vemos tantas experiencias carnales, divisivas, hostiles y odiosas en las iglesias. Señor, protégenos de eso.

Que te amemos con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerzas, y amemos a los demás como a nosotros mismos. Que no busquemos nuestras propias cosas, sino las de los demás, y tengamos la mente que Tú tuviste, que te humilló hasta la muerte en la cruz por nosotros. "Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos". Y que tengamos ese tipo de amor. Que seamos conocidos por nuestro amor porque esa es la demostración ejemplar más verdadera de salvación.

Aumenta nuestro amor más y más. Protégenos de cualquier discordia, división. Que nos amemos unos a otros, que nos abracemos unos a otros, en la verdad, con convicción, al mismo tiempo que demos lugar para la conciencia sobre esas cosas que no son cuestiones bíblicas. Y que en todas las cosas demostremos amor, para que podamos demostrar, exhibir el poder del evangelio, que cuando es verdaderamente proclamado y vivido, define a un grupo de personas por su unidad y su amor. Y ese es nuestro deseo. Continúa guiándonos conforme vivimos en este mundo en un tiempo de juicio. Danos sabiduría, danos gozo, danos la oportunidad de proclamar el evangelio glorioso de Cristo. Y pedimos estas cosas en Su nombre. Amén.

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