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Al llegar a pensar en la resurrección de nuestro Señor esta mañana, esto hará que el Domingo de Resurrección sea el número 52 para mí, aquí en Grace Church. Y no hay escasez de formas de abordar la Resurrección de nuestro Señor, así que estoy emocionado de tener otra oportunidad.

Lo que a menudo se pasa por alto en las glorias de la cruz y el Viernes Santo y las glorias de la Resurrección, el domingo, es lo que sucedió en el medio, y ese es el entierro de nuestro Señor. A primera vista, podría pensar que la sepultura o el entierro de nuestro Señor fue solo una cuestión de necesidad, solo algo que sucedió al margen. Pero la realidad es que la sepultura de Jesús es tan sobrenatural como todo lo demás en torno a Su obra redentora en ese fin de semana, hace dos mil años atrás. Y la sepultura de Jesús es tan significativa que los cuatro evangelios hablan de él a detalle, para pintar un cuadro del hecho de que incluso la sepultura de Cristo es magníficamente sobrenatural.

La realidad es que desde el momento en que el sufrimiento de Jesús terminó en muerte y entregó Su espíritu al Padre, entró en el paraíso y la presencia divina vivo, Dios controló cada detalle de Su sepultura. El Padre, podría usted decir, estuvo a cargo del funeral del Hijo. Los rasgos divinos, planeados previamente, profetizados y ejecutados poderosamente de Su sepultura son una evidencia más fuerte del propósito divino en la historia, de la veracidad de las Escrituras, de la deidad de Cristo, de la soberanía de Dios sobre todos los eventos y todas las personas. Pero la sepultura de Jesús se pasa por alto, y en ese caso se pierde algo profundo. De hecho, comprender Su sepultura va a elevar la confianza que usted tiene en todo lo demás acerca de ese fin de semana. Su muerte y Su resurrección va a elevar su confianza en las Escrituras y en el poder soberano de Dios.

Ahora, a lo largo de la historia, Dios opera básicamente de manera sobrenatural de dos maneras. Uno es mediante milagros: Rara vez, pero en ocasiones, ciertamente como está registrado en las Escrituras, Dios hace un milagro, y un milagro suspende la ley natural. Dios entra en la vida, la ley natural, la suspende y luego sostiene esa suspensión durante el tiempo que Él desea operar de manera sobrenatural; y después vuelve a colocar las cosas en su orden normal. Es una interrupción sobrenatural, no científica e inexplicable de la ley natural. Eso es lo que es un milagro. Un milagro no es cuando usted encuentra un lugar para estacionarse en el centro comercial; un milagro es la suspensión de la ley natural y la invasión de lo sobrenatural, de modo que no hay explicación humana, como caminar sobre el agua, como curar a gente ciega.

Pero hay otra forma en la que Dios actúa en la historia, y es a través de la providencia. Los teólogos lo llaman providencia. Y esto es mucho, mucho más común que los milagros. De hecho, en esta época usted esperaría mucho tiempo antes de ver un milagro; probablemente, no verá ninguno en absoluto. Los milagros se reservaron para momentos de revelación muy especiales, conforme Dios validó a aquellos que lo representaron al asistir, al respaldar su ministerio con milagros. Dado que ahora todo se mide no por la capacidad milagrosa del predicador sino por las Escrituras, los milagros han dejado de ser parte de la vida normal. Pero lo que no ha cesado es la providencia. Y la providencia es una expresión mucho más poderosa de la soberanía de Dios, que incluso un milagro.

Para que Dios interrumpa la ley natural y haga algo sobrenatural requiere un acto. Pero para que Dios constantemente, día tras día, hora tras hora, minuto tras minuto, a lo largo de toda la historia humana, sin interrupción, sin suspensión, para lograr exactamente Sus propios propósitos mediante los eventos y comportamientos personales de Sus criaturas, de modo que todo cuando se junta no hace nada más que lograr exactamente lo que Él pretende, es demasiado asombroso como para siquiera comprenderlo.

Todos los comportamientos libres de las personas, generados por un número infinito de actitudes, motivos, elecciones, acciones y reacciones inexplicables, Dios entrelaza meticulosamente para cumplir perfectamente Su voluntad, para una demostración de sabiduría y poder mucho mayor que un milagro. La constante y asombrosa sabiduría y poder de Dios en la providencia opera todo el tiempo, cada milisegundo, y se ve de manera dramática en el asombroso control divino exhibido a lo largo de toda la historia humana, y ciertamente se manifiesta así mismo en la sepultura del Señor Jesús.

Ahora, para contarle la historia completa, necesito incluir los cuatro evangelios, así que eso es lo que vamos a hacer esta mañana. Vamos a ver qué nos dicen los evangelios sobre la sepultura de Jesús, eso es significativo. Vamos a ver la sepultura desde el punto de vista de los soldados indiferentes, y luego veremos la sepultura desde el punto de vista de los santos amorosos, y luego veremos la sepultura de Jesús desde el punto de vista de los líderes espirituales apóstatas. Así que vamos a tener tres perspectivas sobre el entierro de nuestro Señor, y veremos la providencia de Dios en acción.

En primer lugar, la providencia divina en la acción de los soldados indiferentes. Puede ahora pasar en su Biblia a Juan 19, Juan 19, y comenzaremos en el versículo 30. Juan 19, versículo 30. Este es, como usted sabe, la declaración final de nuestro Señor antes de que Él inclina su cabeza. “Cuando hubo tomado el vinagre, dijo: '¡Consumado es!'. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu”, habiendo dicho también: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Luego, en el versículo 31, retomamos el tema para esta mañana.

“Entonces los judíos, por cuanto era la preparación de la pascua, a fin de que los cuerpos no quedasen en la cruz en el día de reposo (pues aquel día de reposo era de gran solemnidad), rogaron a Pilato que se les quebrasen las piernas, y fuesen quitados de allí. Vinieron, pues, los soldados, y quebraron las piernas al primero, el primer ladrón, y asimismo al otro que había sido crucificado con él. Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas. Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua. Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis. Porque estas cosas sucedieron para que se cumpliese la Escritura: No será quebrado hueso suyo. Y también otra Escritura dice: Mirarán al que traspasaron.”

Normalmente, la muerte es una sorpresa, por lo menos el momento mismo de la muerte. Normalmente, la persona que está muriendo no tiene el control de ese momento. Pero Jesús estaba en control del momento de Su muerte. Él dijo: “¡Consumado es! Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”, y Él entregó su vida. En el décimo capítulo de Juan, ahí atrás dijo: “Nadie me la quita la vida; yo de mí mismo la pongo". Y, por cierto, Apocalipsis 1:18 dice de Él que tiene “las llaves de la muerte”. Él podía abrir la muerte incluso para Él mismo, en cualquier momento que quisiera.

Él entregó su propia vida antes de lo normal. No era necesariamente el promedio, pero normalmente la gente colgaba de una cruz entre dos o tres días. Estuvo en la cruz durante seis horas, desde las nueve de la mañana hasta las tres de la tarde aproximadamente. Y los ladrones crucificados a cada lado de Él, como acabamos de leer, todavía estaban vivos cuando Él ya había muerto, lo cual es bastante sorprendente, porque Él no tenía pecado, y ellos eran miserables y pecaminosos, y el pecado solo en su presencia reclama lo que se le debe; pero al nivel en el que participaron, probablemente tuvo un costo mayor en su físico, mientras que el pecado no tuvo ningún costo en el físico de Jesús.

Y hubiéramos esperado que Él viviera mucho más tiempo que uno que había sido cargado con la caída del pecado de Adán y luego con sus propias transgresiones. Pero Jesús murió incluso antes de que murieran los ladrones. Todos estos tres hombres que colgaban en el cielo ese día, fuera de Jerusalén necesitaban bajar de la cruz, y necesitaban bajar en ese mismo momento. ¿Por qué? Porque, como notará en el versículo 31, era el día de preparación; ese es el día antes del día de reposo, ese es el viernes. A fin de que los cuerpos no quedasen en la cruz en el día de reposo, los judíos “rogaron a Pilato que se les quebrasen las piernas y fuesen quitados de allí”.

¿Por qué les importaba si esas personas todavía estaban allí colgadas en el día de reposo? Bueno, se remonta al capítulo 21 de Deuteronomio. Permítame leerles un par de versículos, los versículos 22 y 23: “Si alguno hubiere cometido algún crimen digno de muerte, y lo hiciereis morir, y lo colgareis en un madero, no dejaréis que su cuerpo pase la noche sobre el madero; sin falta lo enterrarás el mismo día, porque maldito por Dios es el colgado; y no contaminarás tu tierra que Jehová tu Dios te da por heredad”. Entonces Dios les había dado la realidad de que, si habían ejecutado a alguien por una causa justa, no dejaban a esa persona colgada allí hasta el día siguiente.

Ahora bien, esto es aún más significativo cuando al día siguiente es el día de reposo; ellos no querían que tres cuerpos estuvieran colgando de cruces en el día de reposo. Y este no era cualquier día de reposo, éste era la Pascua. Y entonces los tres habrían profanado el día de reposo; habrían profanado este día de reposo de la pascua si los hubieran dejado en la cruz, vivos o muertos. Dejar los cuerpos en la cruz, a los ojos de los líderes judíos, habría sido profanar la tierra.

Esto es algo que nos ayuda a ver algo de su hipocresía. No querían que los cadáveres contaminaran la tierra, aunque uno de esos cuerpos pertenecía al Hijo de Dios y al Mesías, a quien ellos habían condenado a muerte. Y, por cierto, ya habían tenido una plática con Pilato, y en algún momento entraron en su pretorio, que los habría profanado con toda seguridad, por su propia tradición ceremonial, al entrar en cualquier lugar gentil.

Estaban muy familiarizados con la crucifixión, por cierto. Si regresa al año 4 a. C., el registro nos dice que hubo un general romano llamado Varo. Y Varo crucificó a dos mil judíos en la Tierra Santa; entonces estaban familiarizados con eso. Y, por cierto, Augusto César afirmó haber crucificado a treinta mil criminales. De hecho, fueron identificados, por lo menos por Augusto, como esclavos. Entonces ellos sabían lo que era la crucifixión y ellos sabían que la gente podía quedarse en una cruz durante días.

Familiarizados con la crucifixión, sabían que la forma de acelerarla era bastante simple. Versículo 31, le pidieron a Pilato que les diera permiso para quebrarles las piernas. Lo que hacían era tomar un mazo y aplastar el fémur en cada pierna. Esto se llama crucifragium en latín. Involucraba romper el fémur de las piernas de las víctimas con un mazo de hierro; y este gesto hacía que la muerte fuera casi inmediata, porque el cuerpo se hundiría y ya no podría empujarse con las uñas mediante los pies y, por lo tanto, respirar, y se asfixiarían con bastante rapidez. Además del shock y la pérdida de sangre, la asfixia les quitaba la vida con mucha rapidez.

Se dará cuenta de que el nombre del hombre es Pilato, quien era el gobernador en ese momento, el procurador bajo Tiberio, durante un período desde aproximadamente el 26 al 36 d.C., es decir, hasta el momento de la muerte de nuestro Señor. Entonces preguntaron si podían romper esos fémures para que esos hombres murieran antes de que terminara el día anterior al día de reposo. Y nuevamente, este fue el día de la preparación; hoy es viernes, y es importante que estos cuerpos bajen de la cruz, a los judíos, antes de que comience el día de reposo, el viernes, y eso es importante. “Y fuesen” —al final del versículo 31— “quitados”, removidos. “Vinieron, pues los soldados”, habiendo recibido el permiso, “y quebraron las piernas al primero, y asimismo al otro que había sido crucificado con él. Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas. Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua”.

Ahora es importante reconocer que estos soldados romanos eran verdugos de oficio. Sabían quién estaba muerto y quién no lo estaba. No necesitaban un electrocardiograma. Estaban muy familiarizados con la muerte, habiendo estado involucrados en la crucifixión de probablemente miles de personas. Sabían lo que vieron. Ellos sabían que los ladrones estaban vivos y rompieron sus fémures para que murieran de inmediato. Sabían que Jesús estaba muerto y, para demostrar eso, le traspasaron o le perforaron el costado con una lanza; y salió sangre y agua; esta es una mezcla de sangre y líquido linfático que podría ser el resultado de un episodio cardíaco.

El Salmo 69 tiene referencias claras a la cruz, y una de ellas, en el versículo 20, es que "el escarnio ha quebrantado mi corazón". ¿Podría haber sido que la causa de la muerte del Señor fue que Su corazón simplemente explotó? Así que lo encontraron muerto y no le rompieron las piernas. El versículo 35 después nos dice que Juan estaba allí, el escritor, y Él lo vio. “Y el que lo vio da testimonio”, refiriéndose a sí mismo Juan, “y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis”. Juan está diciendo: “Quiero que sepan que estuve allí; fui testigo ocular y Jesús estaba muerto. Jesús estaba muerto".

Eso fue importante, importante debido a dos profecías del Antiguo Testamento, el versículo 36. La primera es de Éxodo 12:46, Números 9:12, e incluso el Salmo 34: “Ni hueso de él será quebrantado”. Si Él no hubiera estado muerto, habrían violado esa profecía; Él no habría cumplido esa profecía, Él no sería el Mesías y Dios no tendría el control de todo. Cordero de la pascua (y la razón por la que me refiero de regreso a Éxodo y a Números), el cordero de la pascua no podría tener ningún hueso roto, una imagen del Cordero final.

Y otra Escritura, versículo 37, Zacarías 12:10, mirarán al que traspasaron. Así que fue profetizado que “ni un hueso de él se rompería”, como es el caso del cordero de la pascua, y que lo mirarían —los judíos, un día en el futuro, dice Zacarías, diciendo— “a quien traspasaron”. Juan dice: “Yo estuve allí. No se rompió ni un hueso, y Él fue traspasado”.

Entonces, la acción de no solo nuestro Señor entregando Su vida, sino la acción de los soldados en el cuerpo de Cristo, estaban bajo control divino y validan las profecías del Antiguo Testamento, validan la naturaleza mesiánica de Jesús, establecen la realidad de Su resurrección. como el Hijo de Dios, y demuestran la providencia soberana de Dios sobre cada detalle. Todas estas figuras, los judíos, Pilato, los soldados, los verdugos, están operando con cierta libertad. No tienen sentido de la Escritura divina, no tienen sentido de profecía. No están tratando de cumplir con nada, solo están haciendo lo que parecía razonable.

Pero Dios providencialmente estaba controlando la sepultura de Su Hijo, controlando cada detalle con respecto a Su cuerpo y cómo era manejado. Necesitaba ser quitado de esa cruz, dijeron los judíos, porque necesitaba estar abajo antes de la Pascua. Pero sabemos que tenía que bajar antes de la Pascua, no para que no profanara la Pascua, sino para que estuviera en la tumba tres días: parte del viernes, todo el sábado, parte del domingo. Ellos no sabían que estaban cumpliendo esa profecía o cualquier otra profecía.

Así que conforme llegamos a la retirada en sí del cuerpo de la cruz y su ubicación en la tumba, quiero que vaya a Marcos 15, Marcos 15. Esto es sorprendente. ¿Qué van a hacer con el cuerpo? Jesús está muerto; los judíos lo quieren abajo. Si usted conoce la historia, usted sabe que los discípulos, la mayoría, había huido. Su madre había sido colocada bajo el cuidado de Juan. Era algo que los romanos hacían incluso por los delincuentes, entregar el cuerpo a la familia si lo pedían. Pero nadie en la familia lo hizo. Podemos suponer que María estaba bajo el cuidado de Juan y estaba despojada.

Entonces, ¿qué le va a pasar al cuerpo? Versículo 42 de Marcos 15: “Cuando llegó la noche,” que significa que es por la tarde, “porque era la preparación” —nuevamente nos dice que es viernes— “es decir, la víspera del día de reposo” —algunos intentan decir que Jesús fue crucificado el miércoles o el jueves; no, es el día antes del día de reposo. “José de Arimatea, miembro noble del concilio, que también esperaba el reino de Dios, vino y entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. Pilato se sorprendió de que ya hubiese muerto; y haciendo venir al centurión, le preguntó si ya estaba muerto. E informado por el centurión, dio el cuerpo a José, el cual compró una sábana, y quitándolo, lo envolvió en la sábana, y lo puso en un sepulcro que estaba cavado en una peña, e hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro. Y María Magdalena y María madre de José miraban dónde lo ponían”.

Vamos de la providencia divina en la acción de los soldados indiferentes, a la providencia divina en la acción de los santos amorosos. Y conocemos a José de Arimatea, y un compañero que apareció, y lo conoceremos en un momento, con el nombre de Nicodemo y las mujeres. Y lo que es más importante, nuevamente, se recuerda en el versículo 42 que era el día de preparación, el día antes del día de reposo. Y en ausencia de alguien más que viniera a llevarse el cuerpo de Cristo, si así hubiera terminado, lo hubieran arrojado a la Gehena, el basurero de la ciudad.

Esta es la única aparición de este hombre en el Nuevo Testamento, José de Arimatea. Su historia es breve, pero su historia es maravillosa. Es una historia de salvación. Es el testimonio inesperado de la fe en Cristo, apartado del rechazo blasfemo y abierto de toda la nación. Él es como el ladrón que creyó. Él es como el centurión que creyó, o los otros soldados que creyeron en la cruz. Esta es un alma rescatada del Sanedrín, la Corte Suprema Judía compuesta por setenta líderes nobles, sacerdotes y laicos, y uno más, el sumo sacerdote; y fueron ellos los que consiguieron la muerte de Cristo. Había sido juzgado antes que ellos. Aparece uno de ellos, José de Arimatea, un miembro destacado del consejo, tal vez un sacerdote, el único disidente. Lucas dice esto acerca de él: “Él era un hombre bueno y justo”, misma palabra usada del centurión para referirse a Jesús: “Verdaderamente este hombre era justo, este hombre era el Hijo de Dios”.

Dos personas en la cruz identificadas como justas: Jesús y José. Y José era justo únicamente porque creyó, y la justicia de Jesús fue acreditada a su cuenta. Uno era justo por naturaleza: el Señor Jesús; el otro era justo por gracia. No habían demasiadas personas de este tipo en Israel en este momento; su religión del judaísmo era tan apóstata. Hubieron algunos, Zacarías e Isabel, padres de Juan el Bautista; Zacarías era sacerdote. Estaba José y estaba María. Estaba Simeón y estaba Ana, los dos que estaban en el templo cuando Jesús fue llevado allí para la ceremonia después de su nacimiento. Mateo dice de José esto: "Era discípulo de Jesús". Juan dice: "Era discípulo de Jesús, pero secreto, por temor a los judíos". Él fue un discípulo secreto.

Así que él, junto con Zacarías e Isabel, José y María, y Simeón y Ana, es uno del remanente, supongo que se podría decir, uno de la simiente santa sobre la que escribió Isaías, un santo remanente en una nación apóstata, un creyente en Jesucristo a quien entonces se le concedió la verdadera justicia. Pero él no fue muy osado; todavía estaba luchando con el miedo.

Este no era momento para el miedo, cobarde hasta este momento. ¿Cómo sabemos eso? Bueno, fue cobarde no solo porque nos dice "por miedo a los judíos", no se declaró discípulo; pero Lucas 23:51 dice: "No había consentido el plan de acción" del Sanedrín. Y no sabemos si estuvo ausente, no sabemos si se quedó callado, no dijo nada; pero cuando llegó el momento de tomar una postura en el juicio de Jesús, él no pudo consentir.

Démosle el beneficio de la duda y digamos que fuera lo que fuera que él temía, lo superó y votó no, no. Para ese entonces él era un creyente y un discípulo, y se declaró justo y un buen hombre, y amaba a Cristo, y está horrorizado por la decisión del Sanedrín y devastado por la muerte del Mesías. Y cuando todos estuvieron de acuerdo con la muerte de Jesús, todo el Sanedrín, y eso se dice específicamente en Mateo 27:1 y Lucas 22:7, todos estuvieron de acuerdo, es sólo José quien no consintió.

¿Quién es este hombre? José es un nombre común. Bueno, él es ese José, solo por el bien de la iglesia en el futuro, de Arimatea, una ciudad de los judíos, Lucas dice. Supongo que no hay una ubicación exacta para esto, pero parece estar al noroeste de Jerusalén, en algún lugar entre 8 y 25 kilómetros. Y lo más probable es que sea la antigua ciudad de Ramá, Ramá, Ramathaim-Zophim, que fue el lugar del nacimiento de, por ejemplo, Samuel. Entonces él era de un lugar conocido, y esto es simplemente para identificarlo y diferenciarlo de todos los demás Josés, de esta ciudad y miembro del Sanedrín.

“Él estaba” —me encanta esto, versículo 43— “esperando el reino de Dios. Estaba esperando el reino de Dios”. También estaba esperándolo Juan el Bautista. Y también Zacarías e Isabel. También José y María. También Simeón y Ana. Él es un verdadero creyente en Yahweh. Él es un verdadero creyente en el Mesías. Él espera que Jesús ahora, como Mesías, traiga el reino de Dios. Pero ahora Él es un cadáver. Su corazón tuvo que haber estado roto.

¿Exactamente qué impulsó a José a querer Su cuerpo y tener el privilegio de enterrarlo? ¿Qué era? ¿Fue motivado por la empatía? ¿Fue motivado por la compasión? ¿Fue motivado por la protección para que el cuerpo de su Mesías no fuera profanado? Quizás, y seguramente esas cosas son ciertas. Pero, ¿era también alguien que, debido a que era bueno y justo, pensaba con claridad, y tal vez con mayor claridad de lo que pensaban los discípulos, y tal vez creía que Jesús resucitaría de entre los muertos?

Ciertamente actúa por amor. Ciertamente, dondequiera que estuviera tratando de esconderse y mantener en secreto su discipulado, eso fue en el pasado, porque nos dice, en el versículo 43, “entró osadamente”; y eso significa que probablemente cuando prosiguió la votación, se abstuvo o envió algún tipo de mensaje disidente, pero solo uno al que le habría faltado valor, digamos.

Pero ahora entra osadamente y va a Pilato y le pide el cuerpo. ¿Va a Pilato? Se supone que no debe acercarse a este gentil. Esto demandó valor, porque había sido un discípulo secreto, porque había estado funcionando como un líder prominente del Sanedrín. Entró a ver a Pilato. Versículo 44, “Pilato se sorprendió de que ya hubiese muerto, y haciendo venir al centurión, le preguntó si ya estaba muerto”.

Así que fue a ver a Pilato, profanándose así en la víspera de la Pascua, según la tradición de ellos. No hay duda de que el resto del Sanedrín también le estaba pidiendo a Pilato lo que ellos querían, y ellos querían que le rompieran las piernas y bajaran a los criminales. Juan 19:38 dice que fue justo después de que los judíos le pidieron a Pilato que les rompiera las piernas, y los soldados se fueron para cumplir con esa petición. Al salir, José entra y pide el cadáver.

Pilato ni siquiera ha recibido noticias de los soldados sobre si Jesús está vivo o muerto, por lo que vuelve a llamar al centurión, quien le dijo que Jesús estaba muerto. José de Arimatea sabía que los judíos querían que Jesús y los demás murieran. Conocía su tradición; sabía que los querían abajo antes de la puesta del sol, antes del día de reposo; así que pide el cuerpo antes de que Pilato supiera si Jesús incluso estaba muerto. Versículo 45: “E informado por el centurión, le dio el cuerpo”, ptōma en griego, el cadáver, “a José”.

Este es un momento en el que debe detenerse y pensar un poco. Ahora él había pagado el precio de su discipulado. Estaba registrado públicamente, abiertamente. Había ido a la presencia maldita de Pilato, profanándose a sí mismo el día antes del día de reposo. Él se había declarado seguidor de este Jesús muerto. Él ahora tiene Su cadáver. Él amaba a Jesús, no quería que Su cuerpo fuera deshonrado. Él quería seguir cualquier camino que minimizara cualquier profanación adicional. Algunos han sugerido que tal vez él no quería que le rompieran las piernas a Jesús. Pero creo que lo que realmente está detrás de esto es, y esto se debe solo a las cosas que se dicen sobre este hombre, que todavía se estaba aferrando a la esperanza de la resurrección. Quizás todo era cierto.

Tantos estaban esparcidos, tantos estaban sin esperanza. Pero él quería ese cuerpo. En lo que probablemente nunca pensó fue en Isaías 53: 9, que dice: “Se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte". Setecientos años antes, Isaías había dicho que se le habría asignado que arrojaran su cuerpo con los malvados, pero resultó que estaba con un hombre rico en su muerte. Su tumba fue planeada para estar con los malvados, pero fue enterrado con un hombre rico.

José no tiene prisa porque es ese hombre rico; él no lo sabe eso. Él no se está apresurando simplemente porque no quiere que el cuerpo de Jesús sea más deshonrado. No se está apresurando porque no quiere violar el día de reposo. Él podía estar motivado por una pequeña cantidad de fe en que, una vez sepultado, Jesús resucitaría. ¿Qué está impulsando a este hombre? Simplemente, Dios. Él está obligado por Dios. Él está siendo impulsado por Dios. Él se está moviendo a una velocidad divina, no solo para darle a Jesús una sepultura honorable, una sepultura apropiada; no solo para hacerlo todo con toda la dignidad que pueda quedar para ese tipo de condición; sino que más bien está moviéndose en el tiempo de Dios, para llevar a Jesús a la tumba el viernes, porque tiene que estar allí tres días.

Mateo 12:40, “El Hijo del Hombre estará tres días y tres noches en el corazón de la tierra”; y un día y una noche constituían cualquier parte de las 24 horas. Así que "lo quito" en el versículo 46, siendo obligado por Dios, pero sin saberlo, pero sacó, en primer lugar, “en una sábana o lienzo de lino", luego "lo bajó y lo envolvió en el lienzo de lino y lo puso en un sepulcro que estaba cavado en una peña, e hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro”.

Marcos dice que lo hizo todo por sí mismo. Juan dice que él mismo se llevó el cuerpo; él mismo cargó a su Salvador. Va más allá de la comprensión imaginar lo que estaba pasando por su mente conforme colgaba el cuerpo de Jesús, el cadáver del Mesías, sobre su hombro. Pero imagínense cuando la cruz bajó y estaba acostado, y él sacó los dos pies a través de los clavos, y quitó las espinas que estaban clavadas en Su cabeza, y sacó Sus manos y muñecas de los clavos, y miró el rostro ensangrentado y limpió la sangre, el sudor, las lágrimas, la suciedad, lo envolvió en un lienzo, y por sí mismo colocó al Hijo de Dios sobre su hombro. Y, por cierto, los judíos no embalsamaban, envolvían en tiras, tiras de lino y envolvían todo el cuerpo; y luego, entre esas envolturas, rociaban especias para minimizar el hedor de la carne en descomposición.

Ahora, ninguno de los evangelios dice que José tuviera especias. Pero Juan nos dice que fueron traídos por otra persona que acaba de aparecerse con especias, Juan 19:39. Bueno, volvamos al 38, solo para preparar la escena: “José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero secretamente por miedo de los judíos, rogó a Pilato que le permitiese llevarse el cuerpo de Jesús, y Pilato se lo concedió. Entonces vino, y se llevó el cuerpo de Jesús. También Nicodemo,” nombre conocido, Juan 3, “el maestro de Israel—el que antes había visitado a Jesús de noche, también vino trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras de peso. Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en lienzos con especias aromáticas, según es costumbre sepultar entre los judíos”.  

En algún lugar de la noche, mientras se dirigía a la tumba, apareció Nicodemo. Mirra, cosechada de plantas, una especie de resina gomosa, fragante, en forma de polvo. Y el aloe es muy parecido; el aloe proviene de las hojas de un suculento polvo en flor, también aromático. Y eso, cien libras de peso, es mucho. Eso sería algo para una persona muy, muy importante. Entonces aquí está Nicodemo, otro seguidor de Cristo. En algún lugar entre Juan 3 y Juan 19, en algún lugar entre conocer a Jesús por primera vez y ver Su cuerpo muerto, Nicodemo se había convertido en un seguidor de Jesús. Había nacido de nuevo por el Espíritu Santo.

Así que eso nos lleva de nuevo a Marcos 15, y ahora juntos ellos acuestan a Jesús en la tumba. Las especias son colocadas sobre Él, y Él es colocado en el sepulcro, el sepulcro excavado en la roca. Mateo 27:60 dice que era la propia tumba de José. Mateo también llamó a José "un hombre rico". Juan dice, creo que es el capítulo 19, versículo 42, que estaba muy cerca del Gólgota. Y lo "pusieron en un sepulcro," esencialmente, en el que nadie había sido sepultado jamás. Y luego José de Arimatea "hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro". Juan 19:41 dice que esta tumba estaba en un jardín; por eso se llama, incluso, la tumba del jardín.

Todo esto, obviamente, para honrar a Cristo por parte de seguidores amorosos. Todo esto para evitar que los ladrones de tumbas robaran, porque las personas eran sepultadas con sus objetos de valor, aunque tal vez no hubieran tenido mucho si hubieran robado la tumba de Jesús, ya que Él realmente no tenía ningún objeto de valor. Pero querían proteger el cuerpo de Él. Este fue la sepultura más confiable, amorosa, cuidadosa y honorable que dos hombres pudieron ofrecer a alguien que ellos amaban. Pero detrás de esto estaba esto: Dios se estaba moviendo para asegurarse de que estuviera en el suelo el viernes antes de la puesta del sol, para que estuviera “tres días. . . en el corazón de la tierra”.

Ahora solo para explicar un poco sobre esta tumba. Normalmente, las tumbas tenían estantes; estaban tallados en la roca. Y tendrían estantes y colocaban un cuerpo en un estante. No están embalsamando; el cuerpo se descompondría algo rápidamente y eventualmente habría sido un montón de huesos; y entraban, tomaban los huesos y los metían en una caja llamada osario. ¿Alguna vez has oído eso? Un osario. Y los huesos se conservaban. Ese habría sido el proceso normal. Pero esta era una tumba en la que nadie había estado nunca.

Entonces, qué funeral. No se cantó ningún himno, no se rezó ninguna oración, no se predicó ningún sermón, no se leyó ningún elogio; sólo un cuerpo colocado allí para descomponerse. Pero ellos estaban cumpliendo las Escrituras. Lo habían traspasado, no se le había roto hueso alguno, y ahora lo habían sepultado en la tumba de un rico, como dijo Isaías; y Él estaría allí tres días.

El versículo de apertura confirma el entierro del viernes, "el día de la preparación", el versículo 42, “el día o la víspera antes del día de reposo". El versículo 47 después cierra el registro de Marcos en este capítulo: "María Magdalena y María, la madre de José, miraban dónde lo ponían". Al parecer, estaban siguiendo a José de Arimatea. Recuerde, ellas habían estado parados en la cruz, y luego retrocedieron y estaban más lejos. Lucas agrega Joana y algunos otros. Los discípulos estaban esparcidos, pero las mujeres estaban allí. ¿Dónde está Pedro? ¿Dónde está el resto? Ellos se fueron. Pero las mujeres estaban ahí.

Lucas capítulo 23 nos da la siguiente escena importante, versículo 54. Nuevamente, Lucas 23:54, “El día de preparación”, era viernes, “y estaba para comenzar el día de reposo. Y las mujeres que habían venido con él desde Galilea, siguieron también, y vieron el sepulcro, y cómo fue puesto su cuerpo”. Estaban mirando, como leemos en Marcos. “Y vueltas” a sus hogares “prepararon especias aromáticas y ungüentos; y descansaron el día de reposo, conforme al mandamiento”. Así que está Él en la tumba el viernes. El día de reposo, el sábado descansan. No serán superadas por extraños.

Ellas no van a permitir ser superadas por extraños, ellas van a añadir sus propias expresiones de amor al pasar las últimas horas del viernes mezclando especias para traer de regreso a la tumba, no el día de reposo, porque no podían hacer un viaje, sino el primer día, domingo. Y así el capítulo 24 comienza así: "El primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro, trayendo las especias aromáticas que habían preparado". Ellas descansaron el día de reposo. Ellas fueron obedientes a la Palabra de Dios, honraron el día de reposo. Este es, por cierto, el último día de reposo legítimo. A partir de ahora, no adoramos el día de reposo, adoramos el domingo, el día en que Él resucitó.

Entonces vemos la acción de los santos amorosos, sumada a la acción de los soldados indiferentes, todos demostrando la acción de Dios providencialmente, conforme Él hace que Su Hijo sea sepultado el viernes. Y eso nos lleva al tercer grupo que tiene una función en esta sepultura. Los soldados indiferentes, y los santos amorosos; y después la providencia divina en la acción de los líderes espirituales odiosos. Y regresemos a donde comenzamos a leer las Escrituras, regresemos al capítulo 27 de Mateo, y lo concluiremos.

Mateo capítulo 27, y 62 es el versículo: “Al día siguiente, que es después de la preparación, se reunieron los principales sacerdotes y los fariseos ante Pilato, diciendo: 'Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré”. Ahora espere un minuto. El día siguiente a la preparación es el día de reposo. ¿Qué están haciendo en una casa gentil el día de reposo? ¿Qué están haciendo con Pilato? Las tradiciones de ellos fueron hechas a un lado de manera muy conveniente porque están preocupados.

“Nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré. Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan sus discípulos de noche, y lo hurten, y digan al pueblo: Resucitó de entre los muertos. Y será el postrer error peor que el primero. Y Pilato les dijo: Ahí tenéis una guardia; id, aseguradlo como sabéis. Entonces ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia”.  “Vamos a asegurarnos de que Él nunca salga de esa tumba". Ellos se van a asegurar de que no haya un engaño peor que el engañador, Jesús, vivo, por los discípulos robando Su cuerpo, por lo que la tumba fue sellada.

Algunas personas dicen: "Jesús no estaba muerto en la cruz, y por eso Él salió de la tumba". ¿En serio? Eso es imposible. Los soldados sabían que Él estaba muerto. Algunas personas afirman que las mujeres fueron a la tumba equivocada y fueron a una que estaba vacía. Eso no es posible, porque sabemos que Su cuerpo fue ungido con especias. Algunas personas dicen: "Bueno, los discípulos robaron su cuerpo". ¿En serio? Dice usted: "Bueno, ¿cómo podrían robar su cuerpo si los romanos pusieron una guardia allí?" Bueno, no pudieron, así que tuvieron que sobornar a los soldados.

Me encanta esto, capítulo 28. Jesús ya no está, la piedra fue removida. Los soldados llegan al pueblo. “La guardia”, en el versículo 11, “fueron a la ciudad, y dieron aviso a los principales sacerdotes de todas las cosas que habían acontecido. Y reunidos con los ancianos, y habido consejo, dieron mucho dinero a los soldados”. Hay una palabra para esto: soborno. Y "se supone que debes decir esto: “Sus discípulos vinieron de noche y se lo llevaron mientras dormíamos". ¿En serio? Entonces, ¿cómo sabes eso, si estabas dormido? Vas a tener que hacerlo mejor que eso, torpe. “Y si esto lo oyere el gobernador”, cuando cuenten esa historia torpe, “le persuadiremos, y os pondremos a salvo”. Y ellos, tomando el dinero, hicieron como se les había instruido. Este dicho se ha divulgado entre los judíos hasta el día de hoy”. La mentira probó la resurrección.

Isaías 46 dice esto: “Yo soy Dios, y no hay otro Dios, Yo soy Dios y nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero”. Y Dios logró la sepultura y la resurrección de Su Hijo, no solo mediante poder milagroso, el poder de la vida, sino mediante la providencia. Dios reina. Dios actúa en todos los aspectos de la vida de todos, de acuerdo con Su propósito. No importa lo que los hombres hagan o no hagan, usted puede tomar a soldados indiferentes, usted puede tomar a santos amorosos, usted puede tomar a líderes espirituales odiosos, y cuando todos combinan sus actos de libre elección, ellos van a hacer lo que Dios quería que se hiciera.

Jesús fue resucitado, como leímos. Él dijo esto al final del 28: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo". Justo al final de este tremendo relato sobre la Resurrección, viene la Gran — ¿qué? —Comisión. ¿Está Jesús vivo? Entonces vaya a contarlo.

Padre, te damos gracias por Tu Palabra. Tantos de sus elementos son maravillosamente poderosos, convincentes, contundentes. Te damos gracias por un día tan bendecido; sólo podríamos desear poder empezar de nuevo y hacerlo de nuevo. Las alegrías de este día han sido alegrías supremas. Los mayores gozos de la vida, las más grandiosas expresiones de amor, los más dulces niveles de compañerismo, los más dulces niveles de comunión se encuentran todos en la adoración colectiva de Tu iglesia redimida. Nos hemos esforzado con canciones y oraciones y por la Palabra para levantar a nuestro Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, pero en particular hoy, para dar gloria a Aquel que resucitó a Cristo de entre los muertos, el Padre que lo resucitó para certificar Su sacrificio, el Espíritu quien es fuente de vida, y el Hijo mismo, que nos trajo vida mediante Su propia Resurrección.

Gracias por llenar nuestros corazones de gozo esta mañana; y eso se transfiera por sí mismo en un anhelo por ir y hacer discípulos, y dar a conocer al mundo la verdad del Cristo resucitado. Cuán desesperados están, cuán perdidos están; esta es su única esperanza. Úsanos poderosamente en este día para proclamar a Cristo, y a Él crucificado y resucitado y regresando otra vez. Y para Su gloria lo pedimos. Amén.

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