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Quiero llevarlo al séptimo capítulo de Juan, el séptimo capítulo de Juan. He titulado nuestra mirada a Juan 7, comenzando en el versículo 37 y en adelante, “La invitación gloriosa del Evangelio.” “La invitación gloriosa del Evangelio,” aquí en el pasaje frente a nosotros hay un ofrecimiento de oro, sin precio, por parte del Señor Jesucristo, por parte del Salvador. Una invitación realmente que es magnífica más allá de la descripción. Es una invitación como sus invitaciones a la salvación, al perdón, a la vida eterna, al cielo. Esta no es la primera en el evangelio de Juan ni la última, ha habido y muchas, recordará la invitación en el capítulo 3 en su plática con Nicodemo.

Y aquellos que estaban escuchando recordará la invitación en el capítulo 5, invitaciones múltiples que vienen de Él, a creer en Él en el capítulo 6, a venir a Él, conforme Él habló la verdad en Galilea. Aquí hay una invitación en el pasaje frente a nosotros, habrá otro en el capítulo 8, habrá varias invitaciones hasta el fin mismo de su ministerio. De hecho, dudo si pasó un día en Su ministerio en el que no invitó a la gente a la salvación, al reino, al perdón de pecado, y vida eterna. Probablemente no pasó un día en el que Él no invitó a la gente a creer en Él, a confesarlo como Señor y Salvador, y a recibir la salvación que viene únicamente mediante Él. 

Pero aquí hay una que creo que es de las más dramáticas y sorprendentes de Sus ilustraciones, hay unas cuantas más como esta, la próxima que veremos es igual de dramática. Y esta es una invitación dada en Juan 7:37-39, entonces permítame leérsela: “En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.”

La invitación viene en el versículo 37 inicialmente, y es: “Ven y bebe del agua de la vida.” Esta no es la primera vez que Él ha hecho una invitación como esa. Recordará de regreso en el capítulo 4, y en Su plática con la mujer junto al pozo, capítulo 4, versículo 10 al 14 de Juan, le dije a la mujer: “El agua que yo te doy es eterna, o agua viva. Bebe de esta agua y nunca volverás a tener sed.” También recordarán en el capítulo 6, conforme Él estaba hablando de sí mismo, como el Pan de Vida, Él alentó a la gente a comer de este pan, y a beber también. En una tierra en dónde el agua escaseaba, una tierra muy seca, el agua era algo de mucho valor para expresar la obra de la salvación, y el beneficio de la salvación para un alma sedienta.  

Y entonces, esta es una invitación sorprendente. Hubo un contexto para la mujer en el pozo, hubo un agua real, un pozo real, y Él partió de ahí para hablar del agua que satisface un alma, y esa alma nunca volverá a tener sed jamás. Aquí de nuevo hay un contexto para la analogía del agua, y se lo voy a dar en unos momentos, y usted verá porque fue tan sorprendente. Pero quiero hablar un poco del asunto de esta invitación para comenzar. Admirar a Jesús y estar impresionado con Jesús, ver a Jesús de lejos, decir cosas amables de Él, es insuficiente. Coloca a una persona al final en el mismo infierno, como la gente que odiaba a Jesús y lo odia ahora, y lo rechaza, que eran culpables de Su muerte, incluso en Jerusalén y en la crucifixión.

Admirar a Jesús no es suficiente para conceder vida eterna. Algún tipo de reconocimiento superficial de Jesús no es suficiente. La pregunta es: ¿qué hará usted con sus invitaciones? ¿qué hará usted con sus invitaciones? Seis meses después de esto hay un incidente que sucede ante el gobernador de Judea, establecido ahí por los romanos, llamado Pilato. Usted recuerda la historia, por un lado, él tiene una multitud sedienta de sangre que están gritando porque asesine a Jesús. Él no quiere hacer eso porque sabe que Jesús no es culpable de nada. Él no quiere hacer que caiga la espada definitiva, la espada de la justicia en la ley romana, sobre la cabeza de un hombre inocente. Pero él es presionado por esta multitud imparable que está haciendo todo lo que puede por intimidarlo, y lo amenaza con la pérdida de su posición al acudir a César, si él no hace lo que él les pide. Por otro lado, en su propia conciencia, gritándole a él y ayudado por lo que su esposa le dijo que no tuviera nada que ver con este hombre inocente.  

Entonces, en un esfuerzo por digamos, evitar la trampa en la que él está, él le hace una invitación al pueblo judío. Él saca un prisionero llamado Barrabás, y él dice, “Muy bien, pueden tener a Jesús o pueden tener a Barrabás.” Sin titubear respondieron gritando en unísono: “Libera a Barrabás, libera a Barrabás.” En ese punto Pilato pronuncia la pregunta más profunda, él le pregunta a la multitud: ¿qué haré con Jesucristo? ¿qué haré con Jesucristo? Esa es una pregunta, por cierto, que debe hacérsela toda persona que debe agitar todo corazón, que debe molestar a todo corazón humano, porque dependiendo de la respuesta a esa pregunta, depende su eternidad en el cielo o en el infierno.

Y entonces, él dijo: “¿Qué haré con Jesucristo?” Y sin titubeo la multitud le gritó de regreso en una voz: “Crucifícale, crucifícale.” Esa expresión en ese día, durante la semana de la pasión fue la declaración final de lo que el pueblo de Israel había hecho con todas las invitaciones de Jesús; las rechazaron todas. Todas las invitaciones grandiosas y gloriosas, magnificas, llenas de esperanza a la salvación y vida eterna que Jesús les había ofrecido diariamente durante tres años de ministerio, realmente llegan a que ellos rechacen y clamen por Su ejecución. Eso está a seis meses de dónde estamos.

Regresando a nuestro pasaje. Él todavía está haciendo invitaciones, y él va a pasar por esos seis meses finales. Él todavía le está diciendo a la gente que venga a Él para recibir salvación al creer en Él, pero Él sabe que no queda mucho tiempo. No queda mucho tiempo. Él dice, en el versículo 33: “Todavía un poco de tiempo estaré con vosotros, e iré al que me envió. Me buscaréis y no me hallaréis; y a dónde yo estaré vosotros no podréis venir.” Un poco más de tiempo y ya no estará y ellos quedarán sin esperanza.

Entonces aquí frente a ese poco de tiempo que está por venir, unos cuantos meses, una invitación más potente, poderosa. Y él de manera repetida Él ha dicho que no hay salvación fuera de Él. Él lo va a volver a decir en Juan 14: “Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie viene al Padre sino por mí.” Fue el mensaje de los apóstoles en Hechos 4: “No hay salvación en ningún otro nombre, fuera del nombre de Jesucristo.” Esta es la decisión necesaria que todo ser humano toma. ¿Qué hará usted con Jesucristo? ¿Qué hará usted con sus invitaciones?

Veamos en primer lugar, la invitación misma. Realmente es una invitación sorprendente, versículo 37: “En el último y gran día de la fiesta.” Eso es muy importante, ese es un indicador de tiempo excepcionalmente importante. La fiesta de los tabernáculos era una de las tres fiestas principales del judaísmo: Pentecostés, Pascua y Tabernáculos. En esta fiesta celebraban las vueltas en el desierto durante cuarenta años cuando vivieron en tiendas y fue su casa temporal, conforme se movían y migraban ahí en el desierto durante esas cuatro décadas.

Durante ese período de tiempo Dios los protegió, los preservó, les dio alimento y bebida, finalmente terminó con una generación muriendo y unos pocos entrando a la tierra de la promesa, la tierra de Canaán, y el nacimiento de la nación de Israel. Para conmemorar la preservación de Dios de esa nación durante esos años de estar en el desierto, Dios instituyó en Levíticos 23, una fiesta, una fiesta anual para recordar en torno al tiempo del otoño. Estaban en esa fiesta, dura una semana, y ahora es el último día. Eso es muy, muy importante, el último día. Muy significativo.

Permítame decirle por qué. Todo día de la fiesta había un ritual que se repetía. Hasta dónde podemos ver a partir de la historia se repetía diariamente, y esto era lo que pasaba. En base a Levítico 23:40, la instrucción es esta, que el pueblo, los adoradores que celebraban la fiesta debían tomar el fruto de árboles buenos, ramas de palmeras, y tomar diferentes tipos de árboles. Tenían que recoger las ramas, eso es Levíticos 23, debían tomar las ramas y debían usar esas ramas para fabricar tiendas para conmemorar las vueltas en el desierto y la casa, o el albergue temporal recordando la bondad de Dios. Eso se había desarrollado en un tipo de ritual muy, muy especial.

Los fariseos habían instruido al pueblo que trajeran todas sus ramas, en cada momento en particular de cada día durante la fiesta, y los trajeran al altar principal, y rodearan ese altar, para colocar sus ramas, para crear una especie de cubierta sobre el altar. Esto era en el área del templo. Todo día del festival, miles de miles, decenas de miles de personas estaban ahí y venían y creaban ésta cubierta de ramas de palmeras y otros tipos de ramas de otros árboles, y formaban este tipo de cubierta en torno al altar. El altar entonces está en medio de esta cubierta con estas personas que lo rodeaban, aquellos que estaban deteniendo las ramas y aquellos que estaban más allá de eso. El Sumo Sacerdote entonces iba al estanque de Siloam, por prescripción, y él tenía un contenedor de oro en su mano, dorado, y él metía el contenedor en el agua del estanque de Siloam y él regresaba y él vaciaba el agua sobre el altar como un recordatorio de que Dios proveyó el agua para el pueblo de Israel en Meriba, de la roca.

Y cuando él vaciaba el agua, nos dicen los historiadores, el pueblo, al pueblo se le requería, por cierto, él regresaba por la puerta del agua y se llamaba así debido a que la gente metía el agua por ahí. Entonces, él regresaba pasando por la puerta del agua, y los historiadores nos dicen que el pueblo recitaba Isaías 12:3. Isaías 12:3 dice: “Con gozo sacaremos el agua de los pozos de la salvación, con gozo sacaremos agua de los pozos de la salvación.” Entonces, toda la ceremonia recuerda las vueltas en el desierto, recuerda el agua provista ahí, pero todo es simbólico de la salvación de Dios. Su liberación de Israel temporalmente durante esos cuarenta años es meramente un recordatorio de Dios, como un Dios Salvador que libera a Su pueblo y debía recordarles de la salvación del alma.

El agua entonces, viene al altar por manos del sacerdote, es vaciada y cuando es vaciada y el pueblo ha recitado el pasaje de Isaías, se les requería entonces que cantaran el Hallel. El coro levítico comenzaba el Hallel y cantaba los 113 al 118. Hallel, del cual obtenemos “Aleluya”, himnos de alabanza, cantaban los salmos 113-118. Entonces, esa es la escena. Le dije al principio del capítulo, cuando llegamos primero a esta fiesta que era lo que más se celebraba en todas las fiestas judías. Era la celebración.

Entonces, la ceremonia dramática entera es una acción de gracias de manera vívida por la salvación de Dios hacia Su pueblo, y por Su protección y preservación y liberación de Su pueblo en el desierto y cómo proveyó agua para ellos. También añadían la celebración de una oración por más agua que Dios enviara lluvia. Ahora, lo que hace esto especialmente importante en el último día, es que en ese último día antes de vaciar el agua, el pueblo marchaba alrededor del altar siete veces. ¿Por qué? para conmemorar la marcha en torno a ¿qué ciudad? Jericó. La ciudad de Jericó, porque eso expresaba el fin de dar vueltas en el desierto. Es en ese día, en ese momento cuando todos están celebrando la liberación y salvación de Dios, con eso como trasfondo y quizás, no podemos estar seguros.

Pero quizás en el momento en silencio cuando el festival llega a su clímax, el sacerdote toma el contenedor dorado y vacía el agua, es quizás en ese momento que Jesús dice: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.” “Venga a mí,” Jesús de manera dramática captura el momento, lo dirige a sí mismo, él debe haberse colocado en el lugar correcto. Leemos en el 37 que Él alzó la voz. Ahí está ese ekrazen, de nuevo, esa palabra fuerte para gritar con toda fuerza. Él quiere ser oído, y en el drama de ese momento, sin duda alguna, Él escogió un momento cuando en cierta manera todo mundo estaba conteniendo su respiración ante el drama de la celebración. Jesús dice: “Están agradecidos con Dios por agua en el desierto, agua que satisfizo la sed de sus ancestros. Vengan a Mí por agua que satisface su alma, su alma.” Usted entiende de nuevo, en una tierra en dónde hay tan poca agua, cuanto el agua simbolizaba satisfacción. Una necesidad para la vida.

Entonces, Jesús usa esa analogía ahora, por tercera vez realmente en el evangelio de Juan. En las palabras que Él dice en ese momento, hay tres acciones: sed, vengan, beban, tres verbos. Realmente de manera general corresponden con lo que los padres latinos medievales solían llamar “notitia”, “fiducia” y “assensus” los tres elementos necesarios para la fe salvadora. “Sed” ese es el conocimiento del problema, el conocimiento del aislamiento, el conocimiento de la privación, el conocimiento de la condición, y el entendimiento de sus implicaciones, incluyendo un conocimiento de la fuente del agua.

Después “venid,” eso es ‘fiducia’, eso es confianza. Y después “bebed,” eso es afirmación. Dividamos en cierta manera esos. El primero habla de una necesidad reconocida, sed, sed. Observe la invitación general abierta: “Si alguno tiene sed, si alguno tiene sed, si alguno tiene sed.” Las invitaciones de Jesús siempre fueron ilimitadas, siempre fueron universales, siempre fueron abiertas: “Si alguno tiene sed,” “Venid a mí todos los que están trabajados y cargados, y yo os daré descanso.” “De tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo unigénito para que todo aquel que en él cree, no se pierda más tenga vida eterna.”

Aquí de nuevo hay otra de esas invitaciones, “Si usted tiene sed.” La sed es un deseo fuerte, la sed es un deseo consciente, es algo de lo que sabemos, es algo de lo que estamos plenamente conscientes, lo sentimos y entre más se incrementa la sed, más ansiosa se vuelve una persona. De hecho, puede haber una especie de locura que entra en usted, si usted no puede conseguir una bebida conforme usted se vuelve más y más sediento. ¿De qué está hablando Él? Él está hablando de un alma sedienta, un anhelo por liberación, un anhelo por esperanza, anhelo por paz, anhelo por perdón, por salvación, por liberación del poder del pecado.

Si usted tiene sed, cualquier persona que tenga sed, cualquier persona cuya alma está seca, ahí es donde todo comienza, comienza con ese anhelo. Y después la conciencia, la conciencia aguda de ese anhelo. La gente viene a Cristo porque tiene sed, ¿entiende usted eso? porque sus almas están vacías. Esa es la razón por la que cuando usted evangeliza, usted no comienza con ‘ven a Cristo’. Usted comienza con el reconocimiento de la situación desesperada en la que está el pecador y en tratar de ayudarle a entender eso.

Entonces, ahí es donde todo comienza, con sed. Cómo el carcelero de Filipos, quién dijo, ¿qué debo hacer para ser salvo? Esa es un alma sedienta clamando. El segundo verbo, la segunda acción es “venga,” significa el acercarse a Él. “Si alguno quiere venir en pos de mí,” Lucas 9:23, verlo a Él como la única fuente de agua que satisface el alma, que la nutre, agua viva, venid, vengan a mí. Venga a Cristo, significa con todo su corazón, y con toda su voluntad, venga a Él. Si Él estuviera aquí usted lo haría con sus pies, pero Él no está aquí, lo hace usted con su corazón y su mente. Si Él estuviera aquí Él vendría y se pondría de pie delante de Él, en su sed, y usted caería sobre sus rodillas y clamaría porque le diera a usted el agua viva como la única fuente.

Hablando espiritualmente es moverse hacia Jesucristo como la única fuente de su necesidad. Le da la espalda al mundo, abandona su pecado, abandona su confianza en usted mismo, se arroja a los pies de la gracia y verdad encarnados en Cristo. Eso es “venga”. A nadie más puede venir usted, Él es el camino, y la verdad, y la vida, usted viene a Él. Usted viene a Él solo. Permítame recordarle que el único requisito es sed. No moralidad, no ser religioso, no buenas obras, no ser una persona benevolente, no ser entre comillas básicamente, una buena persona.

No hay requisito como ese, el único requisito es que usted tiene sed y con mucha frecuencia la gente que es básicamente buena, benevolente, la gente religiosa, la gente moral no siente la sed. Esa es la razón por la que cuando Jesús vino, todas las personas morales religiosas lo odiaban. Y fueron los pecadores y los recaudadores de impuestos y los que eran rechazados, que vinieron. Son los sedientos que vienen. A ningún otro lugar a dónde acudir, Él es el único que puede satisfacer el alma.  

En tercer lugar: “beba.” Beber significa apropiarse, apropiarse. Un río corriendo por el valle seco no sirve de nada a menos de que usted beba. Beber significa tomarlo a Él, recibirlo a Él, hacerlo propio, abrazarlo. Cómo le dijo a la mujer en el pozo, en Juan 4:14, “Bebe y nunca tendrás sed.” Cómo dijo en Juan 6: “Deben comer y beber de mí, mi vida y mi muerte.” Un escritor de una canción escribió: “Oí la voz de Jesús decir, he aquí, doy libremente el agua viva. Sediento, inclínate y bebe y vivirás. Vine a Jesús y bebí de ese arroyo que da vida, mi sed quedó satisfecha, mi alma revivió y ahora vivo en Él.” Ese es un sentimiento que todo cristiano puede entender. Vine, bebí, recibí a Cristo.

Todo eso es simplemente una manera de dividir lo que significa creer, porque en el siguiente versículo, eso es lo que Él dice, “El que en mí cree.” Bueno, ¿qué significa creer en Él? Significa tener sed, y venir y beber. Esa es simplemente una manera teológica de expresar lo que es una analogía en el versículo 37. Tener sed, venir, beber. Y después usted puede ser identificado como uno que cree en mí. ¿Qué significa creer en Cristo? Salir de su sed pecaminosa a Él, y abrazarlo a Él, confesarlo como Dios y Salvador, y Señor. Eso es lo que significa creer. Esa es una invitación del evangelio, creo de nuevo que esta fue una rutina diaria para Cristo, al hacer este tipo de invitaciones de oro, a una nación que siguió rechazando y rechazando y tomando la decisión equivocada. Él va a vaciar en usted agua viva que satisface el alma.

Pero no termina ahí, y esta podría ser la parte más sorprendente de su invitación. Vea el versículo 38. “El que cree en mí, como dice la Escritura,” y por cierto Él recoge de varios versículos en Isaías, incluso hace referencia a Ezequiel 37, una especie de afirmación compuesta, “…cómo dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.” Permítame darle una analogía simple, esta agua que fluye a usted cuando viene a Cristo, viene a su vida, no se queda en usted, usted no es una cubeta. Usted no es una reserva, pasa por usted, usted es una fuente que se convierte en un río, realmente. Una afirmación sorprendente. No solo bebemos, y nuestra sed en el alma que da satisfecha para siempre, sino que nos volvemos la fuente y el río de agua viva para otros, conforme fluye de nosotros.

El versículo 38 habla de un impacto de un creyente en el mundo. Es emocionante. Recibimos agua espiritual que refresca el alma, lo cual realmente es una analogía de vida espiritual, vida eterna, con todos sus elementos y componentes, lo cual significa conversión, redención, justificación, santificación, adopción, todo. Recibimos todo eso, un manantial constante de agua limpia, pura, de vida en nosotros, santificándonos, haciéndonos más como Cristo, pero al mismo tiempo, y la clave real aquí es que nos volvemos una fuente que se convierte en un río para el mundo.

El bendecido se vuelve el que bendice, el destinatario de gracia soberana se vuelve el canal de gracia soberana. Y no en gotas, sino un río o abundante. Oh, entiendo que algunos de ustedes se han vuelto estanques, quizás necesitan una dosis de Drano espiritual para que eche a andar el flujo. Pero así es como somos definidos aquí, el agua es nuestra, está en nosotros, está brotando en nosotros, y saliendo de nosotros para almas sedientas por todo el mundo.

Esta es simplemente una afirmación sorprendente acerca de cuánto su vida importa. ¿Quiere que su vida importe? Realmente no importa, no importa si usted no es cristiano, no importa, todo desaparece en juicio eterno, al final cuando usted muere. Usted no tiene ningún efecto positivo, un efecto eternamente positivo. Cuándo usted piense en quien importa en la sociedad, los cristianos importan porque son aroma de vida para vida. Son la fuente y rio de agua viva que fluye al mundo. Los resultados y personas siendo redimidas y llevadas a la gloria eterna. Eso importa.

En nosotros, Pablo pregunta, ¿quién es suficiente para estas cosas? Esto es por gracia y por gracia únicamente que seamos tan útiles. Entonces Jesús está diciendo: “No solo recibes agua, sino que eres un canal de agua para el mundo.” ¿Cómo puede ser eso? ¿Cómo puede ser eso? Versículo 39 lo explica: “Esto dijo del Espíritu.” Esto sucede debido al Espíritu Santo. El Espíritu Santo vive en todo creyente, ¿verdad? Romanos 8:9, “El que no tiene al Espíritu Santo no es un creyente.” Todo creyente posee al Espíritu Santo. Su cuerpo es un templo del Espíritu Santo. Él vive en usted, Dios el Espíritu establece su residencia en usted, Él es el río de vida que fluye a través de usted. Pero para ellos, en esa ocasión, el Espíritu no había venido aún en Su plenitud, el Espíritu estaba con ellos. Jesús les dijo en Juan 14: “Él está con vosotros,” pero Él estará ¿en dónde? en vosotros. En lo más profundo de su ser, la fuente de este río, pero eso todavía era futuro.

Entonces, en el versículo 39 esta es una profecía, Él habló del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en Él, pues aún no había venido el Espíritu Santo porque Jesús no había sido aún glorificado. El Espíritu Santo no podía venir hasta que Jesús fuera glorificado, hasta que ascendiera al cielo, después Él envió al Espíritu Santo, y estamos estudiando eso en este momento, y esta noche, cuando el Espíritu Santo vino en el día de pentecostés, inició la iglesia y después el río en el interior comenzó a fluir en el mundo, y sucedió de manera instantánea porque inmediatamente en el día de pentecostés, todos esos galileos que no conocían todos esos idiomas múltiples, comenzaron a hablar las obras maravillosas de Dios en todo tipo de idiomas gentiles, conforme el río comenzó a fluir.

El registro del evangelio nos muestra que los discípulos antes de la resurrección, incluso antes de la ascensión, realmente no podían ejercer esta realidad maravillosa de ser ríos de agua viva. Estaban teniendo un tiempo bastante difícil, post-resurrección para entender todo, por cuarenta días Jesús trató de enseñarles teología, pero en Hechos 1:8 él dice: “Cuando el Espíritu venga sobre nosotros, serán mis testigos, en Jerusalén, Judea, Samaria, y hasta lo último de la tierra, y el Espíritu Santo abrirá las puertas y el río fluirá.” Pero no, sino hasta que el Espíritu Santo venga, y el Espíritu Santo no viene hasta que Jesús fue glorificado. Cuando Jesús regresó al cielo, Él envió al Espíritu Santo.

Juan 16:7, “Os digo la verdad, es para vuestro provecho que me vaya, sino me voy Él que os ayuda no vendrá a vosotros. Si me voy lo enviaré a vosotros, el Consolador.” Él asciende en el siguiente capítulo cuando Él envía al Espíritu Santo en Hechos 2. Ríos de bendición comienzan a ser derramados, de esos creyentes al principio en Pentecostés, Pedro predica, el río comienza, y tres mil personas son salvas, predican de nuevo y otros cuatro mil son salvos, decenas de miles están sido salvados en Jerusalén, se extiende a Samaria, y todavía estamos viviendo la historia el día de hoy. El río es desatado sobre el mundo mediante el Espíritu Santo que vive en el creyente, solo el Espíritu Santo puede hacer que el río fluya. Él es el poder detrás de todo el testimonio, todo el testimonio.

Entonces, Jesús dice: “Para aquellos de ustedes que vienen a mí y beben, no solo estarán satisfechos, sino que se volverán un río de vida para el mundo. Eso pasó, siete y medio meses después en el día de pentecostés.” Esa es la obra del Espíritu Santo. ¿Qué invitación tan sorprendente, decir no solo que su alma será satisfecha de manera plena para siempre con un agua que va a hacer que usted nunca vuelva a tener sed? Lo va a satisfacer a usted para siempre, sino que su vida va a tener una importancia eterna. ¿qué invitación tan sorprendente? Esa es la razón por la que digo esta es la invitación de oro del evangelio de Juan. Ríos de agua, no reservados para los súper santos o algún tipo de reserva, sino que les pertenece a todos los creyentes de todos los cuáles saldrán fuentes que se volverán ríos. ¡Qué invitación! Usted tiene entonces, comenzando en el versículo 40 cuatro respuestas, cuatro respuestas, son típicas de respuestas en la actualidad.

En primer lugar: los convencidos, y no vamos a pasar mucho tiempo porque esta es una narrativa clara, y usted puede verla sin mucha ayuda. Grupo uno: los convencidos, reciben la verdad. Entonces, algunos de la multitud oyendo estas palabras decían, verdaderamente este es el Profeta. Otros decían, este es el Cristo. El Mesías, están convencidos, este es el profeta, este es el Mesías. De hecho, usted ve la Palabra “verdaderamente,” alethos. Realmente, de manera genuina, verdaderamente estos son los creyentes reales, ellos saben quién es Él, Él es el profeta, ¿qué es el profeta? El profeta prometido en Deuteronomio 18, Deuteronomio 18:15, Moisés, hizo una profecía mesiánica. Esto es lo que dice: “Jehová vuestro Dios levantará para vosotros un profeta en medio de vosotros, uno de vuestros hermanos, y así como a mí, lo oirán.” Todo mundo sabía que esa era una profecía mesiánica, que el Mesías sería un profeta. El Mesías sería un profeta, sería el Gran Profeta como Moisés.

En Hechos capítulo 3, viéndolo del otro lado, vaya a Hechos cuando Pedro está predicando en Hechos capítulo 3, en el versículo 22, él dice: “Moisés dijo: “El Señor Dios…,” él cita Deuteronomio 18:15, “…levantará para vosotros un profeta como yo, de vuestros hermanos, a él oiréis en todo lo que él os diga, y será que toda alma que no oiga a ese profeta será totalmente destruida dentro del pueblo.” Ésta es una afirmación de que Jesús, ese es el profeta que debe ser oído y obedecido. El pueblo judío habla del profeta, eso era conocido por ellos, eso era parte de su vocabulario; el profeta que está por venir. El profeta de quien habló Moisés. El pueblo judío estaba esperando ese profeta. Vimos al principio en el evangelio de Juan, que estaban esperando al Mesías, que estaban esperando al profeta.

En el capítulo 7, versículo 12, algunos estaban diciendo él es un buen hombre, otros estaban diciendo: “No, por el contrario, él desvía a la gente,” no estaban demasiado seguros de quien era Él. En cierta manera esa era el sentimiento general, pero ahora encontramos algunas personas que saben que Él es de hecho, ese profeta. Si usted regresa a Juan 1:21, leemos, le seguían preguntando literalmente, que entonces, esto está hablándoles a Juan el Bautista, ¿eres Elías? Él dijo, No soy, eres tú el profeta, y él respondió no, ellos tenían más que tan solo decir el profeta, todo mundo sabía quién era el profeta.

En el capítulo 6, versículo 14, usted recuerda: “Por tanto cuándo el pueblo vio la señal que Él había hecho dijeron: Verdaderamente este es el profeta, quien debía venir al mundo.” Todos estaban esperando al profeta, con P mayúscula, quien era el Mesías. Ahora, estas personas están diciendo, este verdaderamente es el profeta, y otros de ellos este es el Mesías. Aquí hay un grupo que confiesa a Jesús como el Mesías, Salvador, Señor. Esta no es la primera vez, ahí atrás en el capítulo 1, leemos acerca de Andrés, el hermano de Simón Pedro, quien viene a Simón Pedro y dice: “Hemos encontrado al Mesías. Hemos hallado al Mesías.” Juan 1:49, “Tú eres el rey de Israel, tú eres el Mesías.” Capítulo 6:69, los discípulos dicen, a quien iremos, tú y solo tú tienes palabras de vida eterna, ¿por qué? porque tú eres el santo de Dios.

Entonces, hubieron discípulos a lo largo de Su ministerio, que creían que Él era el profeta del que habló Moisés, él era el Mesías, estos entonces son parte del remanente de Dios. Ellos serían congregados con los apóstoles, y discípulos de Jesús, ellos son el remanente creyente del que se habla en Romanos 9 y Romanos 11, son aquellos que entraron por el camino estrecho al camino angosto, como Jesús lo expresó en el Sermón del Monte. Tenían sed, vinieron, bebieron, estos eran algunos de los que serían parte de los 120 quienes en el día de Pentecostés estarían en el Aposento Alto cuando el Espíritu Santo viniera.

Entonces, ésta profecía esta invitación sería cumplida en su caso. Siete y medio meses después el río fluiría de ellos, entonces tocaría el mundo. Ese es primer grupo y esa es la primera posibilidad, creer, recibir. Y eso es por lo que Jesús clama. El segundo grupo es, podríamos llamarlos: los contrarios, los convencidos. Recibieron la verdad, los contrarios rechazaron la verdad. Con el trasfondo de estas personas afirmando su fe, Cristo como el profeta y el Mesías, todavía otros estaban diciendo: “Ciertamente el Cristo no va a venir de Galilea, ¿verdad?” Y eso espera una respuesta negativa en la construcción griega, y es burla y sarcasmo y mofa, ¿están bromeando?

Recuerde usted, de regreso en el capítulo 1 versículo 46: “¿Puede algo bueno salir de Nazaret?” No tenía nada más que burla hacia Galilea, y la región de Galilea, y la aldea de Nazaret: ¿Quiénes son estas personas? Bueno, estos son los escépticos, estos son los cínicos, estos son los que, de manera repetida, de manera constante se burlaron de Jesús, fariseos, escribas, rabinos, líderes religiosos, y el pueblo que los seguía. Esta es una afirmación de burla. Galilea tenía una reputación por estar retrasada de cierta manera, por ser influenciada por el mundo gentil. Nada importante pasaba ahí.

Entonces los líderes, asumiendo que Jesús nació en Galilea y Nazaret dijeron, eh, ¿seguro no piensan que el Mesías va a salir de Nazaret o Galilea? Y citaron la Escritura de manera correcta, citaron Miqueas 5:2, una profecía. ¿Acaso la Escritura no dice que Cristo viene de los descendientes de David? Bueno, claro, eso está por todo el Antiguo Testamento. Salmo 89:4 sería un lugar directo. Y de Belén, la aldea que era la aldea de David, todos conocemos, Miqueas 5:2, Salmo 89, él va a estar en la línea de David, y él va a venir de Belén. “Pero tú Belén,” dice Miqueas, “Efrata, aunque eres pequeña entre los miles de Judá, de ti me saldrá el que será gobernante en Israel cuyas salidas han sido desde la eternidad.” Él incluso dice que el Mesías va a ser un eterno, que va a nacer en la ciudad de Belén.

Entonces, proceden en su burla al decir claro, el Mesías no puede venir de Galilea porque tiene que venir de Belén, y él tiene que estar en la línea de David, de lo contrario no tendría derecho al trono. Ahora, todos ustedes conocen la respuesta obvia, Él no vino de Nazaret, Él vino de Belén en dónde él nació, esa es la razón por la que el Nuevo Testamento presenta un registro histórico acerca de Su nacimiento en Belén. Y Él fue de la línea de Belén, tanto Su padre como Su madre estuvieron en la línea de David. La genealogía de Su padre comienza el Nuevo Testamento en Mateo, la genealogía de Su madre en Lucas. Ellos pudieron haber revisado los registros del templo. Ellos podían haber encontrado que Su lugar de nacimiento fue Belén, y ellos habrían sabido que Su linaje era davídico en ambos lados de Su familia.

Esta es ignorancia deliberada, esta es incredulidad deliberada. Esta es una actitud soberbia, satisfecha en sí misma, no me confundas con los hechos, y eso es incredulidad, y darle los hechos podría hacer lo que Jesús dijo, que no desperdiciara su tiempo al echar perla delante de los cerdos. Eran contrarios, rechazaban la verdad. Incluyeron en la Escritura como el requisito absoluto, permítame subrayar eso por favor en su propia mente, dijeron: “El Mesías tiene que estar en la línea de David, y nacer en la ciudad de Belén. Dijeron eso, los líderes religiosos de Israel dijeron eso, y Jesús cumplió eso. Por sus propias bocas y su propia declaración han afirmado que Jesucristo es el Mesías, mientras que al mismo tiempo lo están negando. Esta es la naturaleza de la ignorancia deliberada.

Y me encanta como el versículo 43 se dirige a esto, un versículo corto. “Entonces ocurrió una división en la multitud debido a Él.” Me gusta eso. Hubieron muchas divisiones, capítulo 9, versículo 16 dice: “Hubo división en la multitud.” Capítulo 10:19-21, “Hubo una división en la multitud.” Usted sabe, Él dijo que había venido a traer una espada, ¿no es cierto? para separar, para dividir a personas, pero ¿por qué te gusta esta división? Porque esta división prueba la legitimidad de la fe de aquellos que creyeron. No cedieron, no se rindieron por temor a los líderes de los líderes judíos, habían personas que temían a los líderes judíos, realmente se identificaron, en cierta manera, como los que fueron expulsados de la sinagoga, sacados de posiciones de importancia. Temían a sus líderes, pero no estas personas, de lo contrario no habría habido una división. Lo que eso significa es que ambos grupos retuvieron su postura. Eso es una división.

Entonces, las buenas noticias son que la división significa que los convencidos eran genuinos. Fueron fieles, no se apartaron, no se dieron la media vuelta, no fueron en la dirección opuesta. No creo que les preocupaba tanto si Jesús había nacido en Belén, Nazaret o Jerusalén, no creo que sabían de eso, pero había suficiente evidencia de que Él era quien decía ser. Y también Dios estaba operando en su corazón, el Padre estaba atrayéndolos. Quizás eran como el hombre ciego que cuando fue cuestionado dijo: Quién era él y de dónde vino, no sé. Pero esto es lo que sé, que era ciego y ahora veo.” Gracias al Señor porque la división permaneció. Gracias a Dios por la división. Fue una fe real. Bueno, como Pedro: “¿A quién iremos? Tú y solo tú tienes palabras de vida eterna.”

Entonces, la primera respuesta posible a Jesús es: recibid. La segunda respuesta posible es: rechazar. Eso todavía es verdad el día de hoy, todavía es verdad el día de hoy. Es común, y por cierto la mayoría de la gente rechaza. La mayoría de la gente rechaza, como usted bien sabe. Cristo siempre divide. Bueno, la división que los activó, versículo 44, “Los líderes, algunos de ellos querían prenderle, pero ninguno le echó mano.” Querían echarle mano y aprehenderlo. Esta es la tercera vez en este capítulo que querían atraparlo, arrestarlo, pero no podían, está en el versículo 30. Querían atraparlo, en el versículo 32, enviaron oficiales para prenderlo, y los oficiales ya se fueron a Él. Y mientras tanto, mientras que Él está hablando, quieren volverlo a atrapar, no podían ponerle la mano hasta que fuera el tiempo de Dios. Sabemos eso.

Entonces, tiene usted aquellos que son abiertamente hostiles a Cristo, que lo rechazan, lo resienten, lo odian, lo menosprecian, y usted tiene aquellos que lo reciben. Hay un tercer grupo aquí, y vamos a llamar a ellos los confundidos. Los convencidos, los contrarios y los confundidos. Los convencidos reciben la verdad, los contrarios rechazan la verdad, y los confundidos luchan con la verdad. Estos son los oficiales. La policía del templo. Se acuerda usted ahí atrás en el versículo 32, fueron enviados a llevar a Jesús como prisionero. Los fariseos y los principales sacerdotes enviaron a oficiales, policías del templo a tomar a Jesús y arrestarlo.

Ahora, regresaron a los principales sacerdotes y los fariseos, y no tienen a Jesús. Y les dicen: “¿Por qué no lo trajisteis? ¿Por qué no lo trajeron?” Fueron los oficiales, pudieron haber mentido, me imagino. Pudieron haber dicho: “Bueno, Él en cierta manera se nos fue de las manos o fuimos bloqueados por la multitud, o la multitud estaba bastante pesada.” No dijeron eso, los oficiales respondieron: “Nunca, jamás hombre ha hablado de esta manera como este hombre habla.” ¿Entiende usted que estos hombres saben lo que es estar bajo autoridad? Son policías, están bajo la autoridad de los líderes del templo, saben lo que es estar bajo autoridad, saben lo que es recibir órdenes, conocen las consecuencias de violar esas órdenes, están acostumbrados a gente con autoridad.

Pero no están acostumbrados a oír a alguien como Jesús. Este es un nivel de autoridad que estaba mucho más allá de su capacidad para responder. Literalmente sus rodillas estaban temblando bajo el mero poder de Sus palabras con autoridad. Habían sido comisionados por los fariseos, los principales sacerdotes para prender a Jesús y arrestarlo, encadenarlo y regresaron con las manos vacías. Y claro, sabemos, “Nadie me quita la vida,” Jesús dice en Juan 19 y “yo la pongo de mí mismo.” No podían tocarlo al menos de que Dios lo permitiera. Era igual que hubieran ordenado que el sol dejara de brillar. No tenían poder sobre Él. No todas las huestes del infierno podían haberlo arrestado un momento antes del tiempo prescrito por Dios. Y eso todavía está a seis meses de distancia. Pero su respuesta no es debido a Dios, su respuesta es: “Nunca habíamos oído a alguien hablar así.”

Entonces, ahora tenemos un testimonio del Mesías viniendo de Belén y la línea de David, y eso es verdad de Jesús, y ese testimonio viene de aquellos que lo odian. Y ahora, de estos soldados confundidos viene el testimonio de que Sus palabras son las palabras más poderosas, más abrumadoras que jamás han oído. Están en un estado de sorpresa. En el Sermón del Monte, el fin del sermón es que la gente estaba asombrada ante Sus palabras. Aquí están estos hombres, literalmente están paralizados por las palabras de Jesús. Están impresionados, están confundidos. No saben que hacer, están atrapados.

Jesús dice: “Tómenme, recíbanme, crean en Mí, y beban del agua viva.” Sus líderes dicen: “Arréstenlo, para que podamos matarlo.” Jesús dice: “Recíbanme y les voy a dar vida.” Sus líderes dicen: “Arréstenlo para que podamos darle muerte.” Tienen presión que viene de ambos lados y no hacen nada. Simplemente están confundidos, sorprendidos. Y en medio de su confusión los fariseos se mueven. Los fariseos entonces le responden: “¿También vosotros habéis sido engañados?” Otra pregunta que espera una respuesta negativa, dándole el beneficio de la duda. Seguramente, oh claro que no, ustedes no se han dejado engañar. No son tan torpes como para ser tan vulnerables, ¿oh sí?

Entonces, apelan a su soberbia. Los reprenden en enojo, no pueden ser tan torpes. No pueden ser engañados tan fácilmente. Seguro que ustedes son mejores hombres que eso. Ninguno de nosotros, versículo 48, ninguno de los gobernantes o de los fariseos han creído en Él. Entonces ahora tiene que ver con la lealtad. Entonces, tiene que ver con la soberbia y la lealtad. Ustedes no conocen a ninguno de los líderes de Israel, ustedes no conocen a ninguno de aquellos que son eruditos, refinados de la Escritura, y estudiantes de la historia y de la realidad espiritual que creen en Él, ¿o sí? Ninguno de nosotros que somos espirituales, ninguno de nosotros que estamos preparados académicamente, ninguno de nosotros que conocemos la Palabra de Dios, o las únicas personas que lo siguen son los malditos, hemer, las personas de la tierra, los de vida baja. Ustedes no quieren verse torpes, ¿o sí? Ustedes no quieren ser desleales, ¿o sí?

No sé qué les pasó a esos policías del templo. Me encantaría quedar sorprendido en el cielo al conocer uno de ellos, porque no sé lo que pasó. Pero dudo que alguno de ellos llegó a olvidar la confrontación, sino nunca habían oído a alguien a hablar así. Hay personas que simplemente permanecen en el limbo. “Nunca había oído nada como Jesús,” esa admiración de nuevo, ese sentido de respeto y algún tipo de honor. “Pero de nuevo, no quiero ser desleal a mi religión y realmente no quiero admitir que soy parte de esas personas ignorantes que necesitan creer eso.”

Entonces, están los convencidos y están los contrarios, después están los confundidos, y, por cierto, estar confundido es tan malo como estar en los contrarios. Podría usted ser contrario, va a terminar en el mismo lugar. El pasaje termina con los acomedidos. Los llamo los acomedidos, es un sinónimo de ceder. Hay algunas personas que están en el proceso, los convencidos reciben la verdad, los contrarios rechazan la verdad, los confundidos luchan con la verdad, los acomedidos investigan la verdad.

Vamos a encontrarnos con un amigo antiguo aquí, versículo 50, Nicodemo, el que vino a Él de noche. Él era miembro de este Sanedrín. El consejo gobernante élite. Pero él había pasado el tiempo con Jesús, ¿se acuerda en Juan 3? Él vino a Jesús de noche, habló del nuevo nacimiento, entrando al reino de Dios, Jesús le dio Juan 3:16, el evangelio. No hemos oído nada de Nicodemo desde ese momento. ¿En dónde ha estado durante los últimos dos años? Él ha estado en el proceso, ajustándose a lo que él conocía, cediendo. Hay una investigación genuina por la verdad.

Y entonces, él habla. “¿Juzga acaso nuestra ley un hombre si primero no le oye, y sabe lo que ha hecho?” Él quiere defender a Jesús, Él no quiere que esto pase, Él ha procesado lo suficiente acerca de Jesús como para saber que no va a estar bien matarlo. No sé dónde está en su alma, no se va a declarar creyente en Jesús, no sé dónde está, pero por ahora él va a mantenerlos cerca de la integridad de sus propias leyes. No pueden arrestar y ejecutar un hombre hasta que él haya tenido un juicio. No pueden hacer eso.

Entonces, él defiende a Jesús de esta manera legal. Quizás lo que dijeron en el versículo 48, no era verdad, ninguno de los gobernantes de los gobernantes, de los fariseos habían creído en él. Quizás no sabían de José de Arimatea, quien era un discípulo secreto, quizás ni siquiera tuvieron idea alguna de que Nicodemo iba camino a llegar a la fe en Cristo. Pero por ahora, lo único que puede hacer es quedarse algo así como corto de la multitud que quiere lincharlo al sostener en alto la ley y de esa manera defender a Jesús y se burlan de Él. Versículo 52: “Respondieron y le dijeron, ¿Eres tú también galileo? Escudriña y ve que de Galilea nunca se ha levantado profeta.”

Bueno, eso es historia selectiva, eso es revisionista. ¿Se les olvidó a Jonás? ¿Se les olvidó a Nahúm? ¿Se olvidaron de Oseas? Todos ellos vinieron de Galilea, pero de nuevo, todo esto es información selectiva que están aquí presentando. Entonces se burlan de uno de los suyos, uno de sus propios miembros élite del Sanedrín se burlan de Él. Apilan burla sobre Él. “¿No eres de Galilea o sí?” ¿Por qué digo que él es acomedido y está buscando la verdad? Porque vaya al 19, Juan 19:39 vamos a comenzar en el 38: “Después de estas cosas, José de Arimatea, siendo discípulo de Jesús, pero en secreto por temor a los judíos, le pidió a Pilato si podía llevarse el cuerpo de Jesús y Pilato le dio permiso para que viniera y se llevara su cuerpo.”

El 39: “…Nicodemo, quien había venido primero a él de noche, también vino trayendo una mezcla de mirra y aloe.” Él se llevó el cuerpo de Jesús, lo vistió en lino, y las especias, y lo preparó como es la costumbre de sepultura de los judíos. Lo colocaron en una tumba nueva en un huerto. Ahí está Nicodemo con el cuerpo de Cristo sepultando ahora a su Señor y Salvador. Algunas personas creen, algunas personas rechazan, algunas personas permanecen en el limbo, pero algunas personas están en el proceso, ¿no es cierto? Y ese era Nicodemo, buscando honestamente. Y Dios dice: “Si me buscas con todo tu corazón,” ¿qué? me hallarás.

¿Qué hará usted con Jesús? Esa es la pregunta, ¿no es cierto? ¿Qué hará usted con esta invitación de oro? Oremos.

Gracias Señor, por Tú verdad, por su coherencia, su poder, su claridad, su vida misma. Gracias por el privilegio maravilloso que hemos tenido hoy, de estar con el Salvador a través de los lentes en la Sagrada Escritura. Oro porque Tú lleves a cabo Tu obra en todo corazón aquí. Gracias por aquellos que son los convencidos, que reciben la verdad y creen. Oro por aquellos que son contrarios, aquellos que están confundidos, oro por aquellos que simplemente son acomedidos, simplemente están cediendo.

Señor, que Tú continúes terminando la obra que Tú has comenzado en ellos. Todos tenemos que tomar la decisión final: ¿Qué haré con Cristo? Que la tomemos al creer en Él, al confesarlo como Señor y Salvador, recibiéndolo, y volviéndonos los hijos de Dios. Más a todos los que lo recibieron, a ellos les dio potestad de ser hechos hijos de Dios, a los que creen en Su nombre. Que esa sea la experiencia de todos nosotros hoy, para Tú gloria, y nuestra bendición eterna. Oramos en el nombre de Cristo. Amén.

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